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Casi seis de cada diez caldos vendidos en España contienen menos del 5 % de pollo

• En 2025, el 64,9 % de la población española ha comprado caldos líquidos envasados, consolidándolos como una opción de alimentación cada vez más habitual en los hogares, según Worldpanel by Numerator. • Pese a esta creciente penetración, el 44 % de los españoles desconoce las diferencias en el contenido de pollo entre los caldos, lo que refleja un bajo hábito y una escasa comprensión de la lectura del etiquetado, según el I Estudio sobre el Uso y la Interpretación del Etiquetado de Alimentos de la Fundación Española de la Nutrición (F.E.N.). • En este contexto, el caldo de Gallo se posiciona como referencia en calidad y nutrición al contar con el mayor porcentaje de pollo del mercado (33 %) y verduras frescas, marcando un estándar diferencial dentro de la categoría.

Los caldos líquidos envasados se han consolidado como una opción de alimentación cada vez más presente en los hogares españoles. En 2025, el 64,9% de la población compró este tipo de productos, según datos de Worldpanel Numerator. Esta elevada penetración convierte a los caldos en un producto de consumo cotidiano y refuerza la necesidad de que el consumidor tenga un mayor conocimiento sobre qué está comiendo cuando elige un caldo.

Y es que, pese a su amplia presencia en la cesta de la compra, la composición de los caldos vendidos en el mercado dista mucho de ser homogénea. Según datos de Circana, el mercado español de caldos alcanzó un volumen de 186,7 millones de litros en 2025, con un crecimiento del 6,4 % respecto al año anterior. Sin embargo, en términos de ventas, casi seis de cada diez caldos vendidos (58 %) contienen menos del 5 % de pollo y solo el 42 % supera este umbral. Este dato pone de manifiesto que una parte mayoritaria de los caldos que consumen los españoles presenta un contenido muy reducido de pollo que afecta a su calidad, sabor y valor nutricional.

Otro elemento a tener en cuenta es el conocimiento de esta realidad por parte de los consumidores. El I Estudio sobre el Uso y la Interpretación del Etiquetado de Alimentos, elaborado por la Fundación Española de la Nutrición (F.E.N), revela que el 44 % de los españoles desconoce las diferencias en el contenido de pollo entre los distintos caldos, lo que evidencia un hábito de lectura del etiquetado limitado.

Además, el informe “Comparativa de caldos en España” de la F.E.N subraya que no todos los caldos ofrecen las mismas cualidades. La calidad del producto final depende de factores clave como la proporción de ingredientes y el proceso de elaboración. Así, existen caldos elaborados a partir de concentrados, extractos y aromas, que suelen aportar cantidades muy reducidas de proteínas y colágeno, frente a aquellos obtenidos mediante la ebullición de ingredientes frescos, como pollo y hortalizas, que destacan por su mayor aporte de minerales esenciales como sodio, potasio, magnesio y fósforo, fundamentales para el correcto funcionamiento del organismo.

En este contexto, el caldo de pollo Gallo se posiciona como un referente en el mercado al contener un 33 % de pollo, el mayor porcentaje del mercado, y estar elaborado con ingredientes frescos y de proximidad. Esta composición se traduce en un mayor aporte de proteínas, colágeno y minerales fácilmente asimilables, ofreciendo un valor nutricional elevado frente a una amplia parte de los caldos vendidos en España.Además, Gallo desempeña un papel activo en la mejora del conjunto del mercado. Un año después de impulsar un proyecto pionero mediante el cual puso a disposición del sector su tecnología exclusiva de producción, ya son 12 las marcas de distribución que han adoptado un estándar mínimo del 19 % de pollo en sus caldos. Un avance que refleja el compromiso de Gallo por contribuir a que el consumidor tenga acceso a opciones de mayor calidad y por elevar el nivel nutricional de los caldos que se venden en el mercado.

El proceso de producción y cocción del caldo de pollo Gallo está concebido para garantizar la máxima calidad y coherencia con los valores de la compañía. A través de una cocción lenta en la Olla Gallo, se obtiene de forma natural un sabor auténtico y equilibrado, como el caldo casero. Este sistema se integra en un modelo de economía circular que optimiza el uso de los recursos, reduce el desperdicio y minimiza el impacto ambiental, manteniendo al mismo tiempo la eficiencia productiva. Todo el proceso está respaldado por estrictos controles de calidad y una clara apuesta por la transparencia, reforzando el compromiso de Gallo con una alimentación saludable, una producción responsable y la mejora continua de los estándares del sector.

Cristina Sánchez Rams, directora de Calidad e I+D de Grupo Gallo, comenta:
"En Gallo lideramos la elaboración de caldos de máxima calidad, cuidando cada etapa del proceso para garantizar nutrición, sabor y seguridad. Nuestro modelo de producción, basado en economía circular, optimiza recursos y reduce desperdicios, manteniendo precios competitivos sin comprometer la calidad.

Seleccionamos ingredientes frescos y de proximidad, y controlamos minuciosamente la cocción en la Olla Gallo, asegurando así el mejor perfil organoléptico del caldo. Este enfoque riguroso permite ofrecer un sabor auténtico, natural y equilibrado, que establece un estándar de referencia en el mercado de los caldos”.

Los caldos con mayor porcentaje de pollo y hortalizas frescas presentan un perfil equilibrado: bajo en calorías (5-10 kcal/100 ml), bajo en grasas y moderado en sal (0,7-0,8 g/100 ml), con proteínas de alta biodisponibilidad. En contraste, los caldos con menos del 5 % de pollo muestran una menor densidad nutricional, con proteínas que no superan 0,4 g/100 ml y un aporte limitado de nutrientes como colágeno y minerales.

José Manuel Ávila, Director General de la Fundación Española de la Nutrición, comenta que "los caldos han sido siempre un pilar de la gastronomía tradicional española, tanto por su valor nutritivo como por su sabor. Cuando se elaboran con ingredientes naturales y un bajo contenido de sal, se convierten en una opción práctica y saludable, plenamente alineada con las dietas tradicionales mediterránea y atlántica. Además, la forma de elaboración y el porcentaje de los ingredientes son factores fundamentales a la hora de elegir un buen caldo."

Por su parte, la Dra. Rosaura Leis destaca: "Leer las etiquetas de los alimentos es esencial para saber qué estamos consumiendo y para mantener una dieta más equilibrada. Aunque muchas personas muestran interés por alimentarse bien y cuidar su salud, no siempre utilizan esta información para tomar decisiones más saludables. Por ejemplo, el orden de los ingredientes indica el porcentaje en que están presentes en el producto, lo que puede ayudar a seleccionar opciones más nutritivas. Es fundamental seguir mejorando el etiquetado y comunicar de forma clara su relevancia como herramienta para la elección informada de los alimentos y para el diseño de menús saludables. La educación nutricional, incorporada de manera longitudinal en los planes de estudio, también desempeña un papel clave en este proceso."