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La restauración frente a una “tormenta perfecta”: presión de costes, demanda débil y márgenes en riesgo

• El encarecimiento energético podría elevar los costes operativos entre un 3% y un 8%, presionando unos márgenes ya comprimidos. • El impacto podría también dañar la confianza del consumidor, que reaccionaría moderando del consumo discrecional en favor del ahorro.

Simon-Kucher, consultora global de estrategia y marketing, analiza cómo está afectando la subida del petróleo al sector de la restauración. Cada vez que el petróleo supera la barrera de los 100 dólares, el sector entra en una zona de riesgo conocida. No tanto por el peso directo de la energía en sus costes —la electricidad y el gas suelen representar entre el 3% y el 6%—, sino por su impacto indirecto en toda la cadena de suministro.

Transporte, producción agrícola, refrigeración o procesado de alimentos hacen que, en la práctica, entre el 40% y el 50% de la base de costes del sector esté expuesta a la evolución del precio de la energía.

El reciente repunte del crudo, impulsado por el conflicto internacional, vuelve a activar este mecanismo y la inflación podría situarse entre el 3,6% y el 4,3%*, con un traslado amplificado en el sector de la restauración.

En este contexto, los costes operativos tienden a crecer entre 1,0 y 1,3 veces la inflación general, lo que se traduce en incrementos de entre el 3% y el 5,5%, pudiendo alcanzar el 6%–8% si el shock energético se prolonga.

En palabras de Miguel Afán de Ribera, socio de Simon-Kucher: “Cuando el petróleo se mantiene en niveles elevados durante varios meses, el efecto termina trasladándose a toda la cadena de costes del sector. En un contexto en el que los márgenes medios de EBITDA se sitúan entre el 5% y el 10%, un aumento de costes de esta magnitud es especialmente crítico”.

El impacto se irá reflejando primero en transporte y logística, altamente sensibles al precio del combustible, posteriormente se trasladará a alimentos y materias primas, debido al encarecimiento de fertilizantes, producción agrícola y procesado. Finalmente, aparecen efectos de segunda ronda, como ajustes salariales o el aumento del coste de financiación.

Demanda más frágil

El actual escenario no solo afecta a la estructura de costes. La incertidumbre económica derivada del contexto internacional podría influir en el comportamiento del consumidor por pérdida de confianza. En base a la experiencia reciente, independientemente de su impacto en la capacidad adquisitiva, es muy probable que el consumidor prime el ahorro frente al gasto discrecional.

Ante una probable pérdida de confianza, por tanto, el sector se enfrenta a una mayor prudencia en el gasto, con una posible moderación en la frecuencia de consumo y en el ticket medio. Además, la incertidumbre también puede impactar en la actividad turística, otro motor clave para la restauración en España.

A pesar de la presión, muchos operadores están optando por contener precios para no frenar la demanda, lo que intensifica la compresión de márgenes y dificulta mantener la rentabilidad.

Menos margen de maniobra  

Este nuevo escenario se produce, además, en un sector que ya arrastra tensiones estructurales, como la escasez de personal y la reducción de la rentabilidad en los últimos años. Estas limitaciones reducen la capacidad de las empresas para absorber nuevos incrementos de costes, elevando el riesgo operativo, especialmente en negocios independientes o con menor escala.

Por lo tanto, la restauración se enfrenta  a una “tormenta perfecta” en la que confluyen presión de costes, incertidumbre en la demanda y debilidades estructurales. Un entorno que obligará al sector a buscar eficiencias tanto comerciales como de costes, de forma granular y rápida. Concluye Afán de Ribera: “Una asignatura pendiente del sector es la capacidad de reaccionar de forma rápida y precisa, a nivel tienda. El impacto comercial no será homogéneo.”