El invierno es la estación más implacable para la piel y, también, la más seca del calendario. Las bajas temperaturas, el viento, los interiores calefactados y los constantes cambios de temperatura erosionan la hidratación natural de la piel, acentuando la sequedad y la sensación de tirante. Pero su impacto va mucho más allá: durante los meses fríos, la piel ralentiza sus mecanismos de regeneración y ve comprometida su función protectora. “La sensación de tirantez no siempre significa falta de hidratación. Muchas veces refleja una barrera cutánea alterada y un pH descompensado, consecuencia del frío y los cambios de temperatura. En estos casos, añadir más crema no es la solución: lo que realmente funciona es simplificar la rutina y priorizar la reparación” asegura Marta García.
Entender cómo y por qué se producen estos cambios resulta esencial para ajustar la rutina de cuidado y atravesar el invierno con una piel resistente, equilibrada y preparada para recibir la primavera en su mejor versión.
¿QUÉ LE OCURRE REALMENTE A LA PIEL EN INVIERNO?
Durante los meses fríos, la microcirculación cutánea se ralentiza, lo que provoca que la piel reciba menos nutrientes y oxígeno. La renovación celular se vuelve más lenta y la producción natural de lípidos disminuye. Además, el ambiente seco —tanto en el exterior como en los espacios interiores calefactados— favorece la pérdida de agua.
El resultado es una piel más tirante, apagada, frágil y con menor capacidad de recuperación. No se trata solo de una cuestión estética: es una piel que responde peor y se altera con mayor facilidad.
A ello se suman los cambios constantes entre el frío exterior y los ambientes muy calefactados, que generan un estrés continuo en la piel y favorecen la inflamación de bajo grado, las rojeces y el envejecimiento prematuro.
EL PRIMER ERROR DEL INVIERNO: NO ADAPTAR LA RUTINA
Uno de los errores más habituales es mantener en invierno la misma rutina cosmética que funcionaba en otras estaciones. Igual que cambiamos la ropa cuando bajan las temperaturas, la piel también necesita un cambio de temporada. Lo que antes era suficiente, en invierno se queda corto.
CUBRIR LA PIEL NO ES LO MISMO QUE TRATARLA
En esta época, muchas personas recurren a cremas más densas buscando alivio inmediato. Aportan confort, pero si no van acompañadas de una hidratación profunda y de una reparación real de la barrera cutánea, el efecto es solo superficial. La piel no necesita “abrigo”: necesita equilibrio y estabilidad.
¿QUÉ NECESITA REALMENTE LA PIEL EN INVIERNO?
Conviene priorizar una hidratación profunda, la reposición de lípidos con cremas que contengan ceramidas, escualano vegetal o ácidos grasos esenciales, y productos que ayuden a mantener la piel cómoda y flexible durante todo el día.
Las mascarillas hidratantes, calmantes o reparadoras, aplicadas de dos a cuatro veces por semana y especialmente por la noche, son un gran apoyo para reforzar la regeneración cutánea. Sin duda, ¡el invierno es la estación de las mascarillas!
EXFOLIACIÓN CON MENOS FRECUENCIA Y MÁS CRITERIO
La exfoliación es necesaria para mantener la textura y la luminosidad, pero en invierno debe ser más suave y menos frecuente. Si se exfolia en exceso durante los meses fríos, se rompe la barrera cutánea y aumenta la sensibilidad.
EL FRÍO TAMBIÉN ENVEJECE
Aunque no haga calor, la radiación ultravioleta sigue actuando, especialmente en la montaña, donde se refleja en la nieve. Además, el frío genera estrés oxidativo, por lo que los antioxidantes y la fotoprotección siguen siendo fundamentales en invierno.
Si practicas deporte al aire libre —esquí, running o senderismo—, la piel requiere cuidados específicos antes y después:
- Antes: proteger con una crema barrera adecuada y usar protección solar alta, repitiendo la aplicación cada hora. Prestar especial atención a zonas sensibles como pómulos, labios y contorno nasal.
- Después: durante las siguientes 24–48 horas, la prioridad es la calma, hidratación profunda y reparación de la barrera cutánea. No es el momento de exfoliar ni de usar activos intensos; se trata de ayudar a la piel a recuperarse. Este “tiempo neutro” de reparación es clave para que la piel no se vuelva sensible a medio plazo.
¿CÓMO SABER SI ESTOY CUIDANDO BIEN LA PIEL?
El mejor indicador de que la piel está bien cuidada en invierno es que no tira después de limpiarla, que tolera bien los productos, que no reacciona (ni enrojece ni se calienta) con los cambios de temperatura y que mantiene el confort durante horas.
EL INVIERNO PREPARA LA PIEL PARA LA PRIMAVERA
Una piel bien cuidada durante el invierno llega a la primavera más fuerte, luminosa y con mejor capacidad de respuesta. Y, por supuesto, en invierno se sientan las bases de cómo envejecerá la piel. Aunque este dato sea más de consulta que de revista, es fundamental saber que el daño acumulado por frío, inflamación y barrera alterada no se ve inmediatamente, pero condiciona la respuesta de la piel en primavera y verano.
Por eso, el invierno no es una etapa para “aguantar”, sino una fase estratégica de cuidado. El frío no es un enemigo si se entiende y se trabaja bien; es una oportunidad para fortalecer la piel y mejorar su calidad a largo plazo.
Marta García Esteticistas c/ Uria 39 bajo 33003 Oviedo
Marta García Clinic - Independencia 27 bajo 33002 Oviedo
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