Inspirada en las vivencias alpinas del creador de Cabaña Marconi, la fondue de queso se convierte en una experiencia para compartir alrededor del fuego
Hay platos que no se sirven, se celebran. En Cabaña Marconi, el invierno encuentra su máxima expresión en un ritual que convoca al encuentro, al fuego y al tiempo compartido: la fondue de queso.
Esta receta, emblema de la cocina alpina, llega a la mesa con una historia personal detrás. Fue en los Alpes donde Marcos Olazabal Janson descubrió por primera vez la verdadera esencia de la fondue: no como plato, sino como experiencia. Años después, esa vivencia se transforma en una propuesta que honra la tradición y la adapta al espíritu de Cabaña Marconi.
La fondue se elabora lentamente, respetando el equilibrio perfecto entre quesos seleccionados, vino blanco y un sutil toque aromático que realza su profundidad sin opacar su carácter. El queso se funde a fuego suave hasta alcanzar una textura sedosa y envolvente, pensada para compartirse en el centro de la mesa, donde cada comensal participa del ritual, sumergiendo el pan y acompañando el gesto con conversación y pausa.
En paralelo, la raclette completa la propuesta invernal, con el queso fundido al momento, servido de forma generosa y progresiva, recordando las largas noches de montaña en las que el frío se combate con calor, sabor y compañía.
La experiencia se vive especialmente en la terraza de invierno de Cabaña Marconi, un espacio diseñado para disfrutar en los días más fríos gracias a una icónica chimenea de cristal que domina el comedor. Allí, rodeados de naturaleza, la fondue se convierte en el centro de la escena: humeante, reconfortante y profundamente evocadora.
Con esta propuesta, Cabaña Marconi invita a redescubrir el invierno desde un lugar sensorial y auténtico, donde la gastronomía se transforma en memoria, y cada mesa reproduce el espíritu de la montaña: compartir, sin apuro, alrededor del fuego.


