Las mesas llenas de platos al centro han vuelto. En muchos restaurantes urbanos, la forma de pedir está cambiando: frente al clásico primero y segundo individual, cada vez más clientes optan por compartir varios platos y construir la comida entre todos. Una dinámica más social y flexible que, según observan profesionales del sector, se ha hecho especialmente visible en los últimos meses.
El cambio se percibe tanto en grupos como en parejas. Ya no se trata solo de comer, sino de probar más cosas, decidir sobre la marcha y alargar la experiencia. Los equipos de sala explican que las comidas se vuelven más participativas y que la mesa se transforma en un espacio de intercambio constante, donde los platos circulan y la conversación gana protagonismo.
Aunque compartir ha formado parte tradicionalmente de la cultura gastronómica mediterránea, muchos restaurantes detectan ahora una vuelta clara a ese formato. La búsqueda de experiencias más informales, el deseo de probar varios sabores en una misma comida y una manera más relajada de salir a comer parecen estar detrás de esta tendencia.
En el restaurante Bulla, en Madrid, el equipo lleva meses observando este cambio en el comportamiento de los clientes. Según explican, cada vez son más las mesas que prefieren pedir varias opciones para el centro en lugar de elegir platos individuales, algo que modifica tanto el ritmo del servicio como la forma en que se disfruta la comida.
“Antes lo habitual era que cada persona eligiera su plato. Ahora muchas mesas empiezan preguntando qué pueden compartir”, comentan desde el equipo del restaurante. “Incluso las parejas piden varios platos para probar un poco de todo. Se nota que la experiencia es más social”.
Este giro también ha cambiado pequeños detalles en el servicio: las mesas se llenan antes, los platos salen de forma más dinámica y el momento de la comida se alarga. Para muchos restaurantes, no se trata solo de una tendencia gastronómica, sino de una nueva manera de relacionarse alrededor de la mesa.
