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El "sótano" de la piel: donde las manchas empiezan a formarse años antes de que las veamos

Esther Moreno

Que una mancha todavía no sea visible no significa que no exista. La facialista Esther Moreno explica cómo se forman realmente y si es posible evitar que el pigmento oculto llegue a la superficie

Hay una idea muy extendida cuando hablamos de manchas: pensar que aparecen de un día para otro como consecuencia de una exposición solar reciente. Cuando una mancha se hace visible, en la mayoría de los casos lleva años gestándose en las capas más profundas de la piel.

Por eso, muchas personas se sorprenden cuando, precisamente el año en el que más han cuidado su piel o más constantes han sido con el protector solar, empiezan a notar una pigmentación que antes no estaba. Lejos de ser una contradicción, tiene una explicación biológica.

"La piel tiene memoria y las manchas son uno de los mejores ejemplos de ello. Lo que vemos hoy en la superficie suele ser el resultado de un proceso que comenzó mucho tiempo atrás. Que una mancha todavía no sea visible no significa que no exista", explica Esther Moreno, facialista y directora de Esther Moreno Studio.

El origen de las manchas está mucho más profundo de lo que pensamos

Para entender por qué ocurre esto, primero hay que saber dónde nacen realmente las manchas. La melanina, el pigmento responsable del color de nuestra piel y de nuestro cabello, se produce en los melanocitos, unas células situadas en la parte más profunda de la epidermis.

Cuando la piel recibe un estímulo, como la radiación ultravioleta, la inflamación o determinados cambios hormonales, estos melanocitos aumentan la producción de melanina como mecanismo natural de defensa. Sin embargo, ese pigmento no aparece inmediatamente en la superficie. Primero permanece acumulado en las capas profundas de la epidermis y, poco a poco, va ascendiendo con el proceso natural de renovación celular hasta hacerse visible.

Para entenderlo, Esther Moreno recurre a una imagen muy sencilla: la epidermis funciona como un ascensor. "Los melanocitos producen la melanina en la planta más baja de la piel y la transfieren a las células que, poco a poco, irán ascendiendo hasta la superficie. Solo cuando ese "viaje" termina, la mancha se hace visible", explica Esther Moreno.

Las manchas de este año probablemente no son de este verano

Aunque el sol es uno de los principales desencadenantes de las manchas, ninguna exposición solar aislada suele ser suficiente para explicar su aparición. Cada vez que la piel recibe radiación ultravioleta, los melanocitos registran ese estímulo y producen una pequeña cantidad adicional de melanina. "Es como hacer una pequeña aportación a una misma cuenta de ahorro: por sí sola apenas tiene impacto, pero la suma de todas ellas acaba construyendo un importante capital solar acumulado" declara la facialista.

"Muchas personas piensan que la mancha que ven este verano es consecuencia del sol de estas vacaciones, y no es así. Lo habitual es que responda a la suma de muchos veranos anteriores. Ese es precisamente el motivo por el que insistimos tanto en la prevención: cada exposición cuenta, aunque no deje una mancha visible en ese momento", afirma Moreno.

Actuar antes de que la mancha salga a la superficie, ¿es posible?

 

Comprender que las manchas empiezan a formarse en las capas más profundas de la epidermis también cambia la forma de tratarlas. El objetivo ya no es únicamente aclarar el pigmento que ya vemos en la superficie, sino actuar sobre el que todavía permanece oculto antes de que complete su recorrido.

Para conseguirlo, debemos fijarnos en ingredientes que por un lado ayuden a regular la actividad de los melanocitos para evitar una producción excesiva de melanina y, por otro, interfieran en el recorrido que sigue ese pigmento hacia la superficie y favorencan su degradación mientras aún permanece en las capas más profundas de la piel.

"Hoy sabemos que podemos actuar sobre ese pigmento que todavía permanece en las profundidades de la epidermis, antes de que llegue a hacerse visible", explica Esther Moreno.

En este sentido, la especialista destaca que ingredientes como el ácido tranexámico ayudan a modular la actividad del melanocito, mientras que otros ácidos despigmentantes contribuyen a regular la producción de melanina y a favorecer la renovación de la piel. A ellos se suman antioxidantes como la vitamina C que desempeña un papel fundamental al ayudar a proteger la piel frente al daño oxidativo provocado por la radiación solar, contribuye a inhibir la producción excesiva de melanina, favorece una piel más luminosa y ayuda a unificar el tono. Junto a ella, el resveratrol refuerza la defensa antioxidante de la piel frente al estrés oxidativo y contribuye a prevenir la aparición de nuevas hiperpigmentaciones.

La prevención cambia las manchas del futuro

Cada exposición solar de la que protegemos correctamente la piel es una pequeña aportación que dejamos de hacer a ese capital solar acumulado. La fotoprotección diaria no solo es el mejor aliado para mantener una piel más uniforme, sino también para preservar su salud y evitar que el pigmento que hoy permanece oculto continúe acumulándose hasta hacerse visible con el paso del tiempo.

Asimismo, la experta indica que la llegada del verano tampoco debería significar abandonar por completo el tratamiento de las manchas.

"Muchas personas creen que en verano hay que dar las manchas por imposibles y esperar a septiembre para volver a tratarlas, cuando no tiene por qué ser así. La fotoprotección debe convertirse en un hábito diario, porque cada exposición solar cuenta. Si además mantenemos una rutina adaptada a las necesidades de nuestra piel, estaremos evitando seguir aumentando ese capital solar y reduciendo las posibilidades de que el pigmento que hoy permanece oculto termine haciéndose visible en el futuro", concluye Esther Moreno.