El Reglamento (UE) 2026/1739 reserva determinadas denominaciones a los productos cárnicos, establece por primera vez una definición legal de “carne” y refuerza el derecho de los consumidores a una información clara y veraz. La Asociación destaca que la nueva normativa refuerza la transparencia y aporta seguridad jurídica, respondiendo a una reivindicación histórica del sector ganadero-cárnico europeo.
La publicación hoy en el Diario Oficial de la Unión Europea del Reglamento (UE) 2026/1739, por el que se modifica la Organización Común de Mercados (OCM), supone un hito para la protección de las denominaciones cárnicas y para la transparencia en la información que reciben los consumidores.
Entre las novedades más relevantes de la norma figura la incorporación, por primera vez en la legislación europea, de una definición expresa de “carne” como las partes comestibles de los animales. Asimismo, el Reglamento reserva determinadas denominaciones cárnicas a los productos derivados de la carne y limita las posibles excepciones a supuestos muy concretos y debidamente justificados, con el objetivo de evitar confusión en el mercado y garantizar una competencia leal entre los distintos operadores.
Al tratarse de un Reglamento de la Unión Europea, sus disposiciones serán directamente aplicables en todos los Estados miembros, sin necesidad de transposición al derecho nacional, si bien la propia norma establece un período transitorio para la aplicación de las nuevas disposiciones relativas a las denominaciones cárnicas.
Para ANICE, la aprobación de este Reglamento constituye el reconocimiento de una reivindicación que el sector cárnico europeo viene defendiendo desde hace años: proteger unas denominaciones que identifican productos con unas características, una composición y una tradición perfectamente reconocibles por los consumidores.
“La Unión Europea da hoy un paso importante para reforzar la transparencia alimentaria y la seguridad jurídica. El sector cárnico lleva años defendiendo que cada alimento debe competir desde su propia identidad, su propia propuesta de valor y la confianza que sea capaz de generar entre los consumidores. La verdadera innovación no necesita apropiarse de la identidad de otros alimentos para abrirse camino.”
ANICE recuerda que esta posición nunca ha tenido como objetivo limitar el desarrollo de nuevos alimentos o de nuevas tecnologías de producción, sino garantizar que la competencia se produzca en igualdad de condiciones y con una información veraz para el consumidor.
En este sentido, el nuevo Reglamento adquiere una especial relevancia de cara al desarrollo de los alimentos obtenidos mediante cultivo celular. Aunque la norma no regula su autorización o comercialización -materia que continúa sometida a la legislación europea sobre nuevos alimentos-, sí establece un principio jurídico de enorme trascendencia para el futuro: las denominaciones tradicionalmente asociadas a la carne quedan protegidas y reservadas a los productos cárnicos.
“La innovación alimentaria tiene pleno recorrido en Europa, pero deberá construir su propia identidad y reputación. Cuando un producto necesita apoyarse en denominaciones que durante décadas han identificado a otra categoría de alimentos, está viviendo, en cierta medida, de forma parasitaria del prestigio y de la reputación construidos por otros. La innovación merece construir su propio prestigio; no necesita apropiarse del prestigio ajeno.”
La Asociación considera que la decisión adoptada por las instituciones europeas traslada al ámbito normativo un principio básico de transparencia: cada producto debe identificarse por lo que realmente es. Un principio que protege a los consumidores aporta seguridad jurídica a los operadores y favorece una competencia basada en la autenticidad y no en la confusión.
Esta decisión representa, además, un importante respaldo a la campaña #CadaCosaPorSuNombre, impulsada por ANICE para defender que las denominaciones alimentarias deben reflejar fielmente la naturaleza de los productos que identifican.
La Asociación ha sostenido siempre que el futuro de la alimentación pasa por la convivencia de distintos modelos de producción y de distintas fuentes de proteína, pero que esa convivencia solo será posible si cada producto construye su espacio desde su propia identidad y aporta valor por sí mismo, sin apropiarse de la reputación que otros alimentos han construido durante generaciones.
Porque la mejor garantía para los consumidores y la base de una competencia leal es, sencillamente, que cada cosa se llame por su nombre.


