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Piel seca, deshidratada o normal: cómo identificar qué necesita tu rostro

La Dra. Amira Chehade, directora médica de NOVO Clinic, explica cómo distinguir entre sequedad y deshidratación, qué cuidados necesita cada piel y por qué una piel aparentemente equilibrada tampoco debe descuidarse

Con la llegada del frío, la piel puede empezar a mostrar señales que antes pasaban desapercibidas. La sensación de tirantez después de la limpieza, una textura menos confortable o la aparición de zonas secas son algunas de las señales que pueden llevarnos a cambiar nuestra rutina cosmética. Sin embargo, antes de incorporar nuevos productos, conviene entender que no todas las pieles secas están deshidratadas ni todas las pieles que presentan brillos tienen suficiente agua.

La Dra. Amira Chehade, directora médica de NOVO Clinic y creadora de la técnica de armonización facial BioModellage®, explica las diferencias entre los principales estados de la piel y cómo adaptar sus cuidados sin caer en rutinas innecesariamente complejas.

Piel seca y piel deshidratada: dos necesidades diferentes

Aunque suelen confundirse, la sequedad y la deshidratación no son lo mismo. Distinguirlas permite elegir productos que respondan a las necesidades reales de la piel, en lugar de centrarse únicamente en síntomas como la tirantez o la falta de confort.

“No, aunque muchas veces utilizamos ambos términos como si fueran lo mismo. Una piel seca tiene que ver principalmente con una menor cantidad de lípidos y de aceites naturales, mientras que cuando hablamos de una piel deshidratada nos referimos a una falta de agua. Por eso, una piel seca puede estar deshidratada, pero también podemos tener una piel grasa o mixta que esté deshidratada” explica la Dra. Chehade.

Esta distinción resulta especialmente importante cuando la piel empieza a sentirse incómoda, pero mantiene los brillos habituales. En estos casos, intentar eliminar el exceso de grasa puede no ser la solución, ya que el problema puede estar relacionado con la falta de hidratación o con una alteración de la barrera cutánea.

A ello, la Dra. Amira añade, “de hecho, esta es una diferencia importante porque podemos tener una piel con bastante brillo y, al mismo tiempo, sentir tirantez o falta de confort. En esos casos, no necesariamente necesitamos controlar más la grasa, sino recuperar el nivel de hidratación y el equilibrio de la barrera cutánea”.

Qué ingredientes necesita cada una

“Cuando hablamos de una piel deshidratada, buscaría principalmente ingredientes humectantes, que ayuden a atraer y retener agua en la piel, como el ácido hialurónico, la glicerina o determinados tipos de ácido poliglutámico. Pero no debemos quedarnos únicamente en aportar agua ya que también es importante ayudar a que esa hidratación no se pierda”.

En las pieles secas, la elección cosmética debe contemplar también la nutrición y el confort. “En una piel seca, además de ingredientes humectantes, cobran especial importancia los componentes que ayudan a reforzar la barrera cutánea y a aportar lípidos, como las ceramidas, los ácidos grasos o el escualano. Por eso, en este caso suelen funcionar mejor las fórmulas más nutritivas y confortables”.

Más allá de buscar un ingrediente concreto, la clave está en observar cómo responde la piel y evitar acumular productos sin una necesidad clara. Como recuerda la doctora: “sobre todo, no creo que debamos obsesionarnos con buscar un ingrediente concreto. Lo importante es entender qué está necesitando nuestra piel en ese momento y construir la rutina alrededor de esa necesidad”.

¿Y si tenemos una piel normal? El equilibrio también conviene cuidarlo

La Dra. Amira Chehade explica “cuando se habla de una piel normal se suele hacer referencia a una piel que presenta un buen equilibrio entre hidratación, producción de sebo y función barrera. Habitualmente tiene una textura uniforme, poros poco visibles, buena elasticidad y no suele presentar una sensación persistente de tirantez, exceso de grasa o sensibilidad”. Sin embargo, lejos de ser defensora de la clasificación de las pieles, indica que “es importante recordar que el estado de la piel puede variar y nunca encaja de forma estricta en una única categoría”.

“Uno de los errores más habituales es pensar que, como nuestra piel está equilibrada y no presenta problemas evidentes, no necesita cuidados específicos. Una piel normal también necesita mantenerse hidratada, protegida frente a la radiación solar y cuidada para preservar su función barrera y su calidad a largo plazo. Otro error es intentar hacer demasiado utilizando muchos productos, abusando de la exfoliación o incorporando activos que realmente no necesitamos, lo que puede terminar alterando ese equilibrio” declara la experta.

Por eso, una rutina sencilla que incluya limpieza, hidratación y fotoprotección diaria constituye una buena base.

A partir de ahí, se pueden incorporar tratamientos específicos, como productos antioxidantes o activos con acción antiedad, cuando respondan a un objetivo concreto y sean adecuados para la piel.

La piel cambia: aprende a escuchar sus necesidades

La edad, los cambios hormonales, el clima, determinados medicamentos, el estrés, la alimentación, la exposición solar y el uso excesivo de algunos cosméticos pueden modificar el comportamiento de la piel. Por eso, no siempre basta con identificarla como seca, mixta o normal para saber qué cuidados necesita.

“No me gusta hablar de tipo de piel ya que la edad, los cambios hormonales, el clima, determinados medicamentos, el estrés, la alimentación, la exposición solar o incluso el uso excesivo de ciertos cosméticos pueden modificar su comportamiento”, declara la Dra. Chehade.

La diferencia entre el tipo de piel y su estado es fundamental para entender por qué una piel que habitualmente no presenta sequedad puede atravesar un periodo de deshidratación o sensibilidad. En lugar de cambiar radicalmente todos los productos ante la primera señal de incomodidad, es preferible observar qué está provocando esos cambios y adaptar los cuidados de forma progresiva.

Como concluye la doctora, “además, también hay que diferenciar entre el tipo de piel y su estado, ya que una persona puede tener una piel que nunca ha destacado por ser seca y atravesar un periodo de deshidratación o sensibilidad sin que eso signifique que siempre vaya a ser así. Por eso, cuando aparecen cambios persistentes, lo recomendable es observar qué los está provocando antes de modificar radicalmente toda la rutina”.