La innovación, la investigación y los nuevos sistemas de control han transformado el tapón de corcho en una solución cada vez más precisa y consistente para todo tipo de vinos, sin renunciar a las propiedades naturales que lo han convertido en un cierre de referencia
Natural, 100% renovable, reciclable y utilizado durante siglos, el corcho podría parecer uno de los elementos más tradicionales del mundo del vino. Sin embargo, detrás de cada tapón hay hoy también innovación, ciencia y tecnología. La industria corchera ha evolucionado de forma constante para responder a las crecientes exigencias de las bodegas y ofrecer mayores niveles de calidad, control y consistencia.
El resultado es un material que mantiene intacto su origen natural, pero cuyo conocimiento y procesos de producción son cada vez más avanzados. Desde la selección de la materia prima hasta el análisis de cada tapón, la innovación permite conocer y controlar con una precisión creciente su comportamiento y sus prestaciones.
Actualmente, el 70% de las botellas de vino que se sellan cada año en el mundo utilizan tapón de corcho, reflejo de su amplia presencia en el sector y de su capacidad para responder a las necesidades de diferentes tipos de vino.
Cuando la naturaleza se encuentra con la tecnología
Una de las principales líneas de innovación del sector durante las últimas décadas ha sido precisamente incrementar el control sobre un material que, por definición, es natural.
A ello se suman avances en ámbitos como el análisis físico y químico del corcho, la optimización de los procesos productivos o el estudio de su comportamiento en botella y de su interacción con el vino. El objetivo es común: combinar las propiedades naturales del material con herramientas que permitan ofrecer un rendimiento cada vez más preciso y consistente para las distintas necesidades de la industria vitivinícola.
Innovación al servicio de la evolución del vino
Uno de los ámbitos en los que la investigación ha permitido avanzar especialmente es en el conocimiento de la transferencia de oxígeno durante la conservación y evolución del vino en botella. La estructura celular del corcho permite un intercambio de oxígeno que interviene en esta evolución, un proceso que la ciencia permite hoy medir y comprender con mucha mayor precisión.
Diferentes investigaciones han analizado cómo el cierre, su interacción con la botella y las condiciones de conservación pueden influir en esa transferencia de oxígeno y, con ello, en la evolución del vino a lo largo del tiempo. Este conocimiento permite seguir perfeccionando el rendimiento y la consistencia de los cierres y responder a las necesidades de diferentes vinos, desde aquellos concebidos para un consumo más inmediato hasta los destinados a largas guardas.
La innovación permite así avanzar hacia un conocimiento cada vez más preciso del comportamiento del corcho y de su relación con el vino. Para AECORK, esta combinación entre naturaleza, ciencia e innovación es una de las claves de futuro del sector y demuestra que el corcho no puede entenderse únicamente desde la tradición, sino como el resultado de décadas de conocimiento y evolución tecnológica aplicados a un material natural.
“El corcho del siglo XXI es naturaleza, pero también conocimiento, investigación y tecnología. La industria ha realizado un enorme esfuerzo para comprender cada vez mejor el material y perfeccionar sus procesos, ofreciendo a las bodegas soluciones con los más altos niveles de control y consistencia sin perder aquello que hace único al corcho: su origen natural y su capacidad para acompañar al vino durante su evolución”, señala Joan J. Puig, presidente de ICSuro y AECORK.


