Los demandantes afirman que el retailer británico fue responsable del desplome en Bolsa de las acciones de la compañía, al anunciar unos beneficios por encima de lo realista, con los consiguientes perjuicios para los accionistas. Varias fuentes afirman que Tesco estaría barajando admitir estas malas prácticas y pagar una multa con la que cerrar la investigación, ahora mismo en manos de la Serius Fraud Office estadounidense.
El grupo de distribución internacional británico Tesco se enfrenta a la demanda conjunta presentada por cuatro inversores norteamericanos, con acciones de la compañía valoradas en 42 millones de libras en el momento de la compra. Los demandantes afirman que el retailer británico había anunciado unos beneficios mucho mayores que los que podía conseguir, provocando el desplome bursátil de la firma y perjudicando a los inversores, por lo que solicitan que les sea devuelto el importe íntegro de las acciones, que ahora han reducido su valor a menos de la mitad, además de una compensación económica adicional.
Los inversores demandantes aportan varios testimonios de proveedores que declaran que Tesco les enviaba facturas por motivos diversos, sin haber acordado nada con ellos de antemano. De momento, la oficina gubernamental Serius Fraud Office está investigando el tema y parece que Tesco está valorando admitir su culpa y pagar una multa para cerrar la investigación, mucho menor que si esta oficina confirmara estas malas prácticas.
Según los expertos, el origen del problema se remonta hasta hace más de un año, cuando la compañía renovaba su directiva con la incorporación de Dave Lewis como nuevo CEO. Según estas informaciones, Tesco habría contabilizado cobros a proveedores por cuestiones adicionales a la relación comercial como ya cobrados, además de contabilizar dentro del primer tremestre los que esperaban efectuar a lo largo de todo el año. El agujero en sus cuentas ascendía a 260 millones de libras y fue uno de los motivos fundamentales de la profunda renovación llevada a cabo por la firma dentro de su equipo directivo y cultura empresarial.
Además, la oficina gubernamental Serius Fraud Office sigue investigando el tema, y parece que Tesco baraja admitir su culpa, cerrar la investigación y pagar una multa, mucho menor que si la oficina concluyera malas prácticas por parte de Tesco sin su reconocimiento.

