Al día

Las cifras de abandono se estancan y la presión sobre las protectoras sigue: en 2025 más de 285.000 perros y gatos ingresaron en centros de acogida

• Del total de animales de compañía recogidos, casi el 60% fueron perros y más de un 40% gatos • Las protectoras alertan de un desgaste estructural: falta de recursos, necesidad de más voluntariado y apoyo institucional, y una carga emocional sostenida para equipos que operan con capacidad limitada • Los refugios son entornos complejos: combinan la satisfacción de cuidar y conseguir adopciones con una realidad especialmente exigente. La presión asistencial descrita por las entidades es un factor de riesgo de fatiga por compasión, vinculada al cuidado continuado de animales en situaciones de sufrimiento.

El abandono de perros y gatos sigue afectando a cientos de miles de animales en nuestro país. En concreto, en 2025 ingresaron en centros de acogida más de 285.000 animales de compañía, de los cuales 169.000 fueron perros y 116.000 gatos, según el Estudio “Él Nunca Lo Haría” de Fundación Affinity sobre abandono, pérdida y adopción en España.

Aunque las cifras globales son ligeramente inferiores a las de 2024, la evolución de los últimos años no muestra cambios significativos y sugiere una situación de estancamiento más que una mejora real. El volumen de entradas de animales de compañía en los centros de acogida confirma que el abandono es el principal problema de bienestar animal en España.

Principales motivos de abandono

El estudio identifica los motivos más frecuentes declarados por las entidades. El motivo principal de abandono sigue siendo las camadas no deseadas (15%), seguido de la pérdida de interés por el animal (14%), el cambio de domicilio o traslado (12%), el fin de la temporada de caza (10%) y los problemas de comportamiento (10%).

Aunque en muchos casos los animales llegan a las entidades tras ser encontrados en la vía pública, estas razones ayudan a comprender qué situaciones desencadenan con más frecuencia la renuncia a un animal de compañía y refuerzan la necesidad de prevención y decisiones informadas antes de incorporar un perro o un gato a la familia.

“Este estudio es posible gracias a la implicación de las entidades que, año tras año, dedican tiempo a responder y compartir sus datos. Su participación es clave porque permite contar con un análisis riguroso de la realidad del abandono, la pérdida y la adopción en España. A día de hoy, es el único estudio anual con esta cobertura, y mientras no exista otro, necesitamos que los centros sigan colaborando para poder ser conscientes de la magnitud de este gran problema”, resalta Isabel Buil, Directora de la Fundación Affinity.

La presión sobre las protectoras: recursos limitados y coste emocional

Más allá de las cifras, el informe incorpora una lectura social del problema: cómo viven las entidades de protección animal la presión asistencial continuada.

Las organizaciones participantes señalan que, con frecuencia, desarrollan su labor en un contexto marcado por la elevada presión asistencial y la falta de recursos, condiciones que incrementan el riesgo de fatiga por compasión. Este desgaste responde a un fenómeno complejo en el que intervienen distintos factores como: el burnout, relacionado con el agotamiento crónico; el estrés traumático secundario, derivado de la exposición continuada al sufrimiento; el estrés moral, que aparece cuando las limitaciones impiden actuar como se considera éticamente adecuado; y el apoyo percibido, uno de los principales factores protectores frente al desgaste.

En este sentido, aunque exista una red de apoyo, no siempre es suficiente. Los refugios cuentan con una media de 29,1 voluntarios por entidad, pero con grandes desigualdades. De hecho, casi cuatro de cada diez entidades (39%) no tiene ningún empleado remunerado y aproximadamente la mitad dispone de menos de diez voluntarios. Desde esta perspectiva, las entidades más pequeñas pueden ser especialmente vulnerables, pues menos red implica menor “apoyo percibido” y más exposición al desgaste. Por ello, muchas protectoras mencionan de forma recurrente la necesidad de más ayudas, más recursos, más voluntariado y una mayor implicación institucional.

Comprender esta realidad es fundamental no solo para proteger el bienestar de quienes cuidan de los animales, sino también para garantizar la sostenibilidad futura de las organizaciones dedicadas a su protección.

Testimonio en primera persona

Quien conoce muy bien estas situaciones es Alejandra Botto, presidenta y voluntaria de la Fundación El Arca de Noé, que subraya que uno de los principales retos a los que se enfrentan las entidades es la falta de información y concienciación sobre la realidad de la protección animal y sobre la responsabilidad que implica convivir con un perro o un gato.

Según explica, en muchos casos, las personas que abandonan a su perro o gato lo hacen desde el desconocimiento, creyendo que las protectoras están obligadas a hacerse cargo cuando atraviesan una circunstancia personal complicada, pese a que el abandono es un delito y la responsabilidad se mantiene durante toda la vida del animal.

Botto pone también el foco en el papel del voluntariado: “es imprescindible para el funcionamiento de los centros, pero requiere organización, formación y compromiso continuado”, explica. En su experiencia, con frecuencia hay personas que acuden de manera puntual, pasean a un perro o pasan unos minutos con un gato. Aunque cualquier colaboración suma, la realidad del trabajo en una protectora exige regularidad y responsabilidad. Por eso, señala, el objetivo es contar con voluntarios que colaboren de forma estable y participen en las necesidades reales del centro: mantenimiento de instalaciones, limpieza, mejora del entorno, apoyo en terapias y atención directa a perros y gatos bajo supervisión, entre otros”.

En el plano emocional, reconoce que convivir de forma repetida con casos de abandono y maltrato deja una huella profunda. Y es que, por un lado, esta experiencia puede ser transformadora y hacer que quienes colaboran crezcan como personas y refuercen valores como la generosidad, la solidaridad y el compromiso con los más vulnerables. Sin embargo, al mismo tiempo, la exposición diaria a estas situaciones puede generar decepción ante el comportamiento humano: “La parte más reparadora es acompañar la recuperación del animal y ver su transformación, pero la exposición constante puede traducirse en desgaste y afectar a la salud física y mental”, concluye.