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“La respuesta está en domesticar el mar”

La segunda jornada del Encuentro de los Mares cuenta con los testimonios positivos de tres de los más prestigiosos científicos del mar: Carlos Duarte, Boris Worm y Vidar Helgesen

“El futuro de la humanidad no vendrá de la agricultura. Vendrá de la acuicultura”. “Hay una oportunidad si hacemos lo correcto”. “Nos encontramos en un punto de inflexión: si ahora hacemos bien las cosas podemos estar a tiempo de revertirlas”. Tres frases de esperanza de tres científicos que han vertido luz sobre un futuro incierto. La segunda jornada del Encuentro de los Mares ha hablado de acuicultura pero también de gamba o atún,  incluso de cómo introducir la totalidad de los partes del pescado en un menú para hacer pedagogía.
 
El biólogo marino Carlos Duarte empezaba tajante: “El planeta está llegando al límite de su capacidad para proveer alimento. Es urgente tomar medidas y éstas pasan por virar nuestro consumo de productos terrestres a productos de origen marino. La agricultura y la ganadería no pueden crecer más porque el agua dulce necesaria para su realización es un recurso limitado., insistiendo en usar el agua de la cuarta parte del planeta que es seca”. La respuesta, como se viene demostrando estos días en Encuentro de los Mares, está en los océanos.
 
“Una cuarta parte del alimento tendrá que venir en un futuro no lejano del mar”. Duarte afirmaba que podemos multiplicar la actual producción de alimento marino si actuamos rápida y sosteniblemente y relajamos la presión sobre los estocs pesqueros. Si lo hacemos, se podrá recuperar su biomasa en 10 u 20 años”. El mar tiene una alta capacidad para regenerarse, como se demostró en España con la recuperación de la anchoa del Cantábrico o con los años de moratoria del atún”.
 
Pero el problema de fondo, según el científico, es que “en el mar el hombre sigue siendo básicamente cazador y recolector, no produce su propio alimento, y no podemos depender únicamente de la captura salvaje si necesitamos alimentar a casi 10.000 millones de personas en 2050”. Es ahí donde entra en juego la acuicultura que, aunque relativamente reciente, aún tiene camino por recorrer. “De los 3.000 organismos marinos que consumimos solo hemos ‘domesticado’ un 15%. Estamos a punto de agotar los recursos terrestres pero los océanos aún pueden abastecernos”.
 
Economía de carbono para proteger los océanos
 
En la misma idea argumentaba Boris Worm, ecólogo marino de renombre mundial y profesor de Biología en la Universidad Dalhousie en Halifax de Canadá. “Producimos más alimento partiendo de los mares del que se ha producido nunca pero nos encontramos en un punto de inflexión: si no hacemos bien ahora las cosas podemos no estar a tiempo de revertirlas”.
 
Y la base que plantea para conseguir un desarrollo marino sostenible es “crear una economía neutra en carbono porque si no la capacidad de producción del océano se va a reducir sin remedio”. Hay que actuar rápidamente porque las alteraciones ya son visibles en nuestros mares y se está observando un declive en la capacidad de capturas debido a la reducción de los niveles de plancton, la sobrepesca y el calentamiento global”. Para combatir estos extremos, Worm es partidario de crear áreas protegidas, pues “con un 30% de los océanos protegidos (ahora solo es el 5%) conseguiríamos revertir la situación”.
 
La buena noticia, para el científico, es que “si hablas al amar, te escucha; si le mimas, responde, y en 20 años de buen trato y gestión sostenible de sus recursos se puede conseguir una recuperación casi total de un sistema marino”.
 
Vidar Helgesen y la reducción de las emisiones de CO2
 
El mensaje de Duarte y Worm era claro, compaginable con el lanzado por su colega noruego Vidar Helgesen: “Tenemos que gestionar bien los océanos a partir del uso democratizado de las nuevas tecnologías y del conocimiento. “Solo a partir del conocimiento profundo de la situación podrán diseñarse las medidas necesarias, por lo que es imprescindible que se superen las barreras políticas que algunos países mantienen para desbloquear así esa información. Necesitamos más cultura de la transparencia y de compartir”.
 
“Si se conoce bien, se puede actuar mejor. Y se debe actuar, sobre todo, impulsando de energías renovables en el mar (eólica y solar), optimizando el transporte marítimo, salvaguardando ecosistemas marinos, pesca responsable y acuicultura planificada, y potenciando la capacidad de almacenamiento de carbono en el fondo marino. Una gestión eficiente y sostenible de estas cinco áreas significaría una reducción del 21% de las emisiones de CO2 que necesita el planeta de cara al 2050”, según Helgesen.
 
También ayudaría al futuro del planeta, para el noruego, “gestionar adecuadamente los caladores y erradicar la pesca ilegal, lo que aumentaría un 20% las capturas de peces salvajes”. En ello, las nuevas tecnologías juegan un papel clave pues permiten, por ejemplo, detectar barcos de pesca ilegal a partir de sus patrones de navegación, monitorizar con drones las zonas protegidas o abordar rápidamente enfermedades mediante sensores aplicados en granjas de acuicultura. “Ahora es momento de invertir, pero la inversión sostenible nos aporta cinco veces más beneficios que costes”. Concluyente.
 
La economía azul al rescate
 
De la teoría a la práctica. La segunda jornada del Encuentro ha contado también con varios testimonios de buenas prácticas marinas, entre ellas algunas procedentes de la economía azul. De ello hablaba Alberto Echaluce, periodista especializado en información marítima y pesquera, relatando algunas de las actividades que aportan sostenibilidad al entorno sin matar animales como los proyectos Novelfish, que da salida y valor comercial a los descarte transformándolos en salsas, emulsiones, saborizantes o patés, o el Smart Survey Booking (SSB), que mediante inteligencia artificial orienta las inspecciones de los barcos, programándolas y combinándolas en función del tiempo necesario para realizarlas.
 
Dos proyectos “importantes para el desarrollo futuro de la pesca”, como lo son también la comercialización de algas de los esteros gaditanos o el trabajo desarrollado por Turismo Marinero, una empresa andaluza que ha puesto en valor y de una manera pedagógica y lúdica la pesca artesanal.
 
Tenerife y el Mar de Alborán
 
Se trataba de apuntar ejemplos de buenos prácticas, también de señalar espacios que merecen atención. Es el caso de las aguas canarias de Tenerife y las mediterráneas del Mar de Alborán. En el caso insular, Encuentro de los Mares ha señalado la actividad pesquera artesanal de túnidos, siempre con anzuelo y pieza a pieza, ya que está prohibida la pesca con artes de cerco. Así, entre otros, evitan el descarte o la pesca fantasma causada por la pesca con redes. El resultado, “un producto de muy alta calidad nutricional y de excelente conservación, ya que se captura cerca de la costa (3-4 millas de distancia) y en menos de 24h ya se puede conseguir fresco en los mercados continentales”, comentaba el biólogo canario Agustín Espinosa.
 
“Por su nula huella de carbono, por su bajo nivel de contaminación y por su calidad nutricional, pasan por nuestras aguas los mejores túnidos del mundo, y no tiene sentido que en los mercados encontremos piezas del Pacífico”, apostillaba la técnico comercial Katiuska González. “Se trata de comunicar y llegar al público, porque en el fondo nuestros productos son más baratos, si hablamos en términos de sostenibilidad, salud y futuro”.
 
Otra zona singular es la que baña las costas andaluzas orientales, una de las regiones marinas más valiosas para la conservación de la biodiversidad marina en Europa (se han identificado hasta 1.645 especies), “el mejor mar del mundo por las cualidades de sus aguas”, explicaba el año pasado Carlos Duarte. Además, como comentaba el restaurador de la zona José Álvarez (La Costa*, El Ejido), “el confinamiento le ha sentado fenomenal al Mar de Alborán. Un ejemplo de ello, es el tamaño de las quisquillas, este año es muy bueno, algo que no ocurría hace años”.
  
Gastronomía marina de ultramar
 
"Una especie rara: un argentino que ama y defiende el producto del mar". Así definía el periodista Benjamín Lana a Fer Rivarola, chef del restaurante El Baqueano de Buenos Aires -número 39 en la lista de los 50 Best Restaurantes de Latinoamérica-, que ha denunciado la poca cultura de pescado existente en Argentina. A nivel popular (“al argentino medio no se comería nunca la cabeza de un langostino”) y a nivel productivo, “y que hasta el 95% de la producción de nuestros mares se exporta. Argentina, en número total, exporta más pescado que carne de res”, razonaba. Por ello, en su restaurante intenta inculcar la pasión por el pescado a sus convecinos mediante platos “pedagógicos”, donde a veces camufla el producto para que el comensal se lo coma sin objeciones.
 
Ayer los científicos pedían a los cocineros prescripción y ayuda en la transmisión de mensaje. En Argentina tienen a un aliado.