Fernando Terry, consejero delegado del grupo, se muestra optimista ante la campaña, aunque alerta del impacto de la peste porcina africana en mercados estratégicos como Japón y México, con unas pérdidas estimadas de entre dos y tres millones de euros en ventas.
Grupo Osborne afronta la campaña navideña con optimismo, consciente de que el comportamiento del consumo durante el último trimestre del año será determinante para sus resultados. La compañía concentra alrededor del 60% de sus ventas anuales en este periodo, por lo que la evolución de la demanda en las próximas semanas será clave para cumplir sus objetivos, en un contexto marcado por la presión sobre los costes, la incertidumbre internacional y las restricciones comerciales derivadas de la peste porcina africana.
Así lo ha explicado Fernando Terry, consejero delegado de Osborne, durante su atención a los medios de comunicación en el 41º Congreso AECOC de Gran Consumo, celebrado en Sevilla. El directivo ha destacado la importancia de una campaña para la que la compañía comienza a prepararse durante el verano, con el fin de garantizar la capacidad logística y de producción necesaria para atender el incremento de la demanda, especialmente en marcas como Cinco Jotas.
Pese a las incertidumbres del entorno, Terry ha trasladado su confianza en el comportamiento del consumidor y en la evolución del negocio durante las próximas semanas. «Creemos que el consumidor está animado y somos optimistas», ha afirmado, convencido de que la campaña navideña permitirá a la compañía avanzar hacia sus objetivos de resultados.
La peste porcina africana golpea mercados estratégicos
Entre los principales factores de incertidumbre para Osborne figura la situación sanitaria provocada por la peste porcina africana, que está condicionando la comercialización de sus productos ibéricos en mercados internacionales relevantes. A este escenario se suman los aranceles, los conflictos bélicos y la volatilidad de los tipos de cambio, elementos que dificultan la planificación y la actividad exportadora.
Terry ha señalado que Japón se ha convertido en uno de los mercados más afectados, después de registrar una evolución favorable y encontrarse en plena fase de desarrollo para la compañía. Las restricciones han obligado a interrumpir las ventas en un momento en el que Osborne estaba realizando esfuerzos para consolidar su presencia y ampliar su negocio.
México también se ha visto afectado por el cierre del mercado a determinados productos, lo que supone un contratiempo para la actividad internacional del grupo. Aunque el directivo ha reconocido que todavía resulta complicado calcular el impacto definitivo de estas limitaciones, especialmente en Japón, ha estimado que las pérdidas agregadas en ventas podrían situarse entre dos y tres millones de euros.
La situación pone de manifiesto la exposición de las compañías agroalimentarias a las barreras sanitarias y comerciales, así como la importancia de diversificar los destinos de exportación para reducir la dependencia de mercados concretos. En el caso de Osborne, el desarrollo internacional constituye una de las principales palancas para sostener el crecimiento de sus marcas y ampliar sus oportunidades de negocio.
La internacionalización, clave para diversificar el crecimiento
El consejero delegado ha defendido que la expansión exterior seguirá siendo una prioridad estratégica, especialmente ante la elevada competencia en el mercado español y los cambios que están experimentando los hábitos de consumo. Aunque abrir nuevos mercados exige tiempo e inversión, la compañía trabaja de forma permanente para ampliar su presencia internacional y encontrar nuevas vías de crecimiento.
En este marco se sitúa la reciente adquisición de una pequeña participación en una compañía distribuidora de Singapur que cotiza en bolsa. La operación responde a una estrategia de desarrollo a medio plazo, concebida como un proyecto de aproximadamente tres años con el que Osborne busca reforzar su posicionamiento en el mercado asiático y explorar nuevas oportunidades comerciales.
La apuesta por la internacionalización resulta especialmente relevante para un grupo que combina marcas históricas de productos ibéricos, vinos y bebidas espirituosas. La diversificación geográfica permite ampliar el alcance de estas enseñas y reducir la dependencia de la evolución del consumo nacional, aunque también obliga a gestionar riesgos regulatorios, sanitarios y económicos en los distintos territorios.
Innovación ante los nuevos hábitos de consumo
La transformación de las pautas de consumo, especialmente entre los consumidores más jóvenes, constituye otro de los grandes retos abordados por Terry. El directivo ha señalado que la evolución del mercado no debe interpretarse únicamente como una reducción del consumo de alcohol, sino como un cambio en las ocasiones, los formatos y las preferencias que obliga a las compañías a adaptar sus propuestas.
En este contexto, Osborne apuesta por identificar nuevas oportunidades de consumo, desarrollar alternativas de menor graduación y responder a tendencias como el aperitivo y el tardeo. Terry ha defendido, además, la necesidad de distinguir entre el consumo moderado y el abuso, al tiempo que ha subrayado la importancia de innovar para conectar con las nuevas demandas del consumidor.
Como ejemplo de esta estrategia, ha citado el lanzamiento de Nordés 0,0, una ginebra sin alcohol con la que la compañía busca ampliar el recorrido de la marca y llegar a consumidores interesados en nuevas alternativas. La iniciativa se enmarca en una estrategia de innovación orientada a diversificar la oferta y adaptarse a un mercado en transformación, en el que las marcas deben explorar nuevos momentos de consumo sin perder su identidad.
La presión de los costes condiciona la rentabilidad
Junto a los desafíos comerciales y de internacionalización, Osborne trabaja para recuperar margen en un escenario de incremento de los costes de producción. Terry ha recordado que la compañía cerró el último ejercicio con un crecimiento de las ventas cercano al 1%, aunque la rentabilidad se ha visto condicionada por el esfuerzo inversor realizado durante los dos últimos años y por el encarecimiento de las materias primas y la energía.
La presión ha afectado especialmente al negocio ibérico, donde el aumento del coste de la materia prima ha tenido una incidencia significativa. Para responder a esta situación, el grupo está aplicando medidas de eficiencia en los procesos de fabricación, el consumo energético y el aprovisionamiento, además de revisar las compras a terceros para identificar oportunidades de ahorro.
El directivo ha advertido de que estas actuaciones requieren tiempo y que su impacto no se reflejará de forma inmediata en los resultados. La compañía espera, no obstante, que las medidas comiencen a notarse durante el próximo ejercicio y tengan un efecto más significativo a finales de 2027.
De este modo, Osborne afronta el cierre del año con dos prioridades complementarias: aprovechar el potencial comercial de la Navidad, un periodo que concentra buena parte de su actividad anual, y avanzar en la mejora de la eficiencia para proteger la rentabilidad. La evolución de la campaña, junto con la capacidad de la compañía para adaptarse a las nuevas tendencias de consumo y superar las dificultades en determinados mercados exteriores, marcará el desarrollo de su negocio a corto y medio plazo.


