El exvicepresidente del BCE advierte de que la evolución de la inflación dependerá de la duración e intensidad de la crisis en Oriente Próximo y de su impacto sobre los costes de producción y distribución. También reclama mejoras de productividad, una menor presión fiscal sobre los salarios y una Europa más cohesionada para afrontar los desafíos económicos y geopolíticos.
Luis de Guindos, exvicepresidente del Banco Central Europeo (BCE) y ministro de Economía entre 2011 y 2018, ha advertido de la incertidumbre que rodea a la evolución de los precios de los alimentos ante las tensiones geopolíticas y el posible encarecimiento de los costes energéticos, del transporte y de los fertilizantes. Estos factores podrían resultar determinantes para una nueva aceleración de la inflación, especialmente si se prolonga el conflicto en Oriente Próximo y los precios de la energía se mantienen elevados.
Durante su intervención en el 41º Congreso del Gran Consumo, organizado por AECOC en Sevilla, De Guindos ha señalado que la evolución de los precios dependerá de la duración e intensidad de la crisis y de la persistencia de las presiones sobre los costes. En este escenario, ha alertado de la posibilidad de que se desencadene una nueva espiral inflacionista si el encarecimiento de la energía termina trasladándose al conjunto de la economía.
Para el sector de la distribución alimentaria y el gran consumo, la evolución de estos costes constituye un factor relevante, dado su impacto potencial sobre la producción, la logística y el transporte de mercancías, así como sobre los precios finales que afrontan los consumidores.
Sin efectos de segunda ronda, pero con riesgos inflacionistas
El exvicepresidente del BCE ha recordado que, por el momento, España no ha registrado los denominados efectos de segunda ronda, es decir, una propagación de las primeras subidas de precios al resto de la economía a través de otros costes, incluidos los salarios. Tampoco se ha producido, según ha indicado, una espiral de precios y salarios.
No obstante, ha advertido de que esta situación podría cambiar si las tensiones energéticas persisten y se trasladan de forma más intensa a los bienes y servicios. De Guindos ha enmarcado el escenario actual en un shock de oferta, con una inflación que podría pasar del entorno del 2% al 4%, mientras que la inflación subyacente se mantiene en torno al 2%.
El economista ha subrayado que una prolongación de las presiones inflacionistas podría obligar a los bancos centrales a volver a subir los tipos de interés para contener el avance de los precios, aunque estas instituciones no pueden actuar directamente sobre el origen de un encarecimiento de la energía.
La evolución de la inflación alimentaria queda así vinculada no solo a la situación de los mercados energéticos, sino también al comportamiento de los costes asociados a la cadena de suministro y a la capacidad de las empresas para absorber o trasladar esas presiones.
Productividad, fiscalidad y empleo
Más allá de los riesgos inmediatos derivados del conflicto, De Guindos ha señalado varios retos estructurales para la economía española. Entre ellos, ha defendido la necesidad de moderar y reducir la presión fiscal sobre los salarios con el objetivo de mejorar la renta neta de los trabajadores e incentivar el empleo, una estrategia que, a su juicio, debe ir acompañada de mejoras de productividad.
Asimismo, ha destacado el papel de la inmigración como un elemento indispensable para el crecimiento económico, en un contexto en el que las empresas necesitan mantener su capacidad de actividad y responder a las necesidades del mercado laboral.
Estas cuestiones adquieren especial relevancia para el gran consumo, un sector con una amplia presencia de empleo y una elevada exposición a los costes operativos, en el que la eficiencia y la productividad resultan determinantes para mantener la competitividad y sostener la actividad.
Europa ante los desafíos geopolíticos
En el ámbito internacional, el exvicepresidente del BCE ha identificado tres grandes desafíos para España y la Unión Europea: la relación con Estados Unidos, la competencia económica de China y la fragmentación política de los Veintisiete.
Respecto a la seguridad europea, De Guindos ha expresado sus dudas sobre la garantía de que Estados Unidos vaya a defender al continente frente a la amenaza que representa Rusia. Ante esta incertidumbre, ha defendido que Europa debe incrementar y mejorar la eficiencia de su inversión en defensa, elevando el gasto público desde el entorno del 2% hasta el 3,5%.
El segundo gran reto es China, a la que ha definido como el principal competidor económico de Europa. Según ha señalado, el país asiático cuenta con un importante exceso de capacidad productiva orientada a la exportación y ha ganado competitividad, al tiempo que la calidad de sus productos se aproxima cada vez más a la europea.
Esta evolución plantea un desafío para la industria comunitaria y refuerza la necesidad de mejorar la productividad y la capacidad competitiva de las empresas europeas en los mercados internacionales.
Por último, De Guindos ha alertado del riesgo que supone la fragmentación política de la Unión Europea y el avance de partidos radicales que priorizan los planteamientos nacionales frente a los intereses comunes. A su juicio, la división debilitaría la capacidad de actuación del bloque comunitario en un contexto internacional cada vez más complejo.
El exvicepresidente del BCE ha defendido que la unidad constituye la principal vía para que Europa mantenga su peso económico y político internacional y pueda afrontar con mayores garantías los desafíos que afectan a su competitividad, su seguridad y su crecimiento.


