El hipermercado no pasa por su mejor momento, sufriendo como nadie los rigores de la crisis y sus consecuencias. La bajada de precios de la alimentación, la contracción del consumo, cambios en las tendencias de compra del consumidor o la crisis inmobiliaria, más lo que asoma por el horizonte, como la subida del IVA y la transposición de la Directiva de Servicios. Es difícil encontrar buenas noticias a la hora de hablar de los hipermercados. De hecho, son ya muy escasas las notas de prensa que llegan a esta redacción con aperturas de nuevos establecimientos, fruto del frenazo expansivo producto de la delicada situación que vive el país.
Es en estos momentos cuando uno se suele mirar en el espejo y se pregunta cómo puedo mejorar. Ya se sabe, las reacciones llegan cuando los problemas ya se nos han venido encima. El hipermercado debe mirarse en el espejo y preguntarse cómo puede mejorar. No es una simple cuestión de ofrecer precio o mucho surtido, es ir un poco más allá y ver cómo puede mejorar el propio establecimiento en sí, el reparto de sus secciones, la ambientación, la comodidad, el servicio o la atención al cliente. El hipermercado hoy más que nunca debe enfatizar sus virtudes y crear valor, algo que además cobra especial importancia cuando ahora no se puede vivir de la simple expansión. El director de Nuevos Hipermercados de Grupo Eroski, Jorge Merino, nos cuenta en una entrevista que el modelo de hipermercado como tal lo conocemos está agotado.
Sin tener que llegar a ese extremo, sí se puede afirmar que este modelo está apático. Apático porque antes podía vivir de las rentas. La bonanza económica le hacía enseñar la mejor de sus caras y no tener que esforzarse demasiado. Sin embargo, ahora con la crisis todo ha cambiado y el hipermercado debe renovarse, mejorar y adaptarse a las exigencias del consumidor, para así poder hacer frente a la crisis, cortar la hemorragia de pérdida de cuota y posicionarse adecuadamente de cara al futuro.
Las mejoras cualitativas también deben llegar, y llegan, a pequeños operadores locales de supermercados. Es el caso de Supermercados La Salve, que ha puesto en marcha la enseña La Salve Ampli, un “hiper” en el pueblo por sintetizarlo, cuyo primer centro se ha abierto en Carbonero (Segovia). Bazar, textil, prensa o fabricación de pan, junto con un buen surtido de alimentación, en el que ha incorporado además la marca Auchan, le permite ofrecer al cliente en pueblos de alrededor de 3.000 habitantes la posibilidad de comprar todo en un mismo espacio, enfatizando el ADN de cercanía y proximidad que pregona su director general Félix Martín Salamanca. La innovación en el establecimiento no es exclusivo de los grandes operadores y los distribuidores locales también se reinventan.
Por otro lado, la cooperativa granadina Covirán sigue a lo suyo. Es decir, un crecimiento del 7% en ventas y nuevos mercados en el horizonte. Cataluña y Baleares son las prioridades de la firma a corto plazo. No obstante, hay que resaltar el objetivo de saltar al exterior, con Portugal y Marruecos en el punto de mira. La internacionalización de la distribución alimentaria española está metida en un cajón esperando tiempos mejores y a que el proceso de concentración prosiga su imparable, pero ralentizada, marcha. Hay que recordar que Mercadona tenía previsto dar ese salto este año y lo ha pospuesto para dentro de un par de ejercicios. En el caso de Covirán, poco a poco va extendiendo su mancha de aceite por España, la cual llegará a los países vecinos, convirtiéndose en uno de los primeros protagonistas de este proceso de internacionalización, que es inexorable pero aún le falta algún hervor. Sin embargo, Covirán ya está lista para hincarle el diente.