Estas Navidades, una de las felicitaciones recurrentes que nos hemos deseado unos a otros ha sido la de “Mejor 2014”.
Curiosamente casi todos hemos dado por sentado que el año 2013 ha sido malo. Y es que, en la mayoría de los casos y en lo que a lo económico se refiere, no ha sido un año demasiado bueno para la mayoría de los españoles.
En los últimos meses del año pasado, también oímos de manera recurrente que el año 2014 marcará la recuperación de la economía, que el índice de desempleo mejorará y el poder adquisitivo de las familias aumentará. Y, sin dármelas de adivina, estoy convencida de que así será, aunque sólo sea porque queremos creer en la reactivación económica y de este modo nos volvemos más dinámicos y mejoramos sin querer (o queriendo) la situación.
Nunca he creído en la energía positiva o negativa. Lo siento, me han educado bajo las bases filosóficas judeocristianas, donde las energías no se llevan. Pero lo que sí está claro es que cuando la persona/el grupo/la sociedad está bien, “atrae” cosas buenas. La explicación que le doy es más bien psicológica: creo que cuando una persona se encuentra bien, cree en sí misma y ve la vida con optimismo, toma decisiones correctas, mientras que cuando lo que ve alrededor o siente en su interior le hace verlo todo negro, toma decisiones equivocadas, y por eso parece que “atrae” todo lo malo.
Pienso que, para este “mejor 2014”, puede que estemos atrayendo lo bueno simplemente pensando que va a venir. No dejo de lado el esfuerzo que todos hemos realizado durante estos últimos años en reajustar nuestra forma de vida, aplicar la racionalidad y la austeridad a cada una de nuestras economías y encontrar fórmulas más o menos mágicas para seguir adelante. Si todo esto, el mejor 2014 tampoco sería posible.
Todos nos merecemos un mejor 2014. Espero que así sea. Feliz Año Nuevo.
