Ignacio Larracoechea, Presidente de Promarca, afirmó hace poco que la falta de apoyo a la innovación, sobre todo desde algunas grandes cadenas de distribución (léase DIA y sobre todo Mercadona), perjudica al consumidor a medio plazo. Le impide acceder a nuevos productos que podrían interesarle y además empuja a que el sector del gran consumo se resienta y se produzcan caídas en facturación, que repercuten directamente en el empleo, es decir, en el mismo consumidor. Digamos que es la pescadilla que se muerde la cola.
Y volvemos a lo de siempre. Es indiscutible que dejar en la estacada a los fabricantes no puede hacer otra cosa que daño al sector, ya que le impide “crecer y multiplicarse”, pero estamos hablando del medio o de incluso el largo plazo. Quizá ahora, en la “era postcrisis” (que llegue ya, que aún no la vemos), toda esta serie de planteamientos recuperen vigencia, pero hasta bien poco, con un consumidor con el agua al cuello, el precio era el único rey de la distribución.
No me gusta buscar buenos y malos en este tipo de discusiones.
Me parece absurdo buscar “contubernios” malignos para hacer sufrir a los ciudadanos, ya sean laboratorios farmacéuticos perversos que no ceden sus vacunas, autoridades alemanas deseando conquistar Europa y matar de hambre a los países del sur o grandes cadenas de distribución que quieren que todo el mundo consuma sólo su marca y pintar todo el mercado con el gris de la estandarización.
Entiendo que existen modelos de negocio agresivos, quizá demasiado, que no ayudan a que el sector se recupere de la crisis en el medio plazo. Aunque debemos también reconocer que han hecho un esfuerzo en solucionar las necesidades del consumidor en el corto. Y no debemos olvidar que el consumidor, cuando quiere algo, lo busca y apuesta por quien se lo da.
Cuando lleguemos a la era post-crisis veremos lo que hace el consumidor, si sigue apostando por el precio y sólo por el precio o empieza a apetecerle comprar colores y no sólo gris. Los fabricantes y distribuidores tendrán los ojos muy abiertos, y nosotros también para contárselo.
