Se buscan chefs creativos


“Homing”: un nuevo estilo de vida

 

En la actualidad, los programas de cocina gozan de un éxito sin precedentes. En las televisiones de todo el mundo podemos ver a reputados cocineros batiendo, friendo y horneando, en un intento por ganarse el favor de la audiencia y meterse en su cocina. Hoy por hoy, los programas de cocina tienen una enorme aceptación, y en la guerra de las audiencias raro es el canal de televisión que no incluye un programa de cocina en su parrilla. Y aunque no sea posible demostrar si gracias a los consejos e ideas que ofrecen estos programas se ha conseguido que los espectadores coman de forma más saludable, lo que sí está claro es que en ningún caso empeoran los hábitos de alimentación de la gente. La cocina está de moda, y eso se debe en gran medida a la nueva tendencia social emergente de la actual situación económica: el “homing”, es decir, el quedarse en casa.
 
Este nuevo término acuñado por la “buscadora de tendencias” americana Faith Popcorn sirve para explicar un estilo de vida en el que los encuentros sociales tienen lugar predominantemente en las casas; así, en lugar de acudir a restaurantes, bares o discotecas, la gente se reúne en su salón, y ahí es donde la cocina cobra una importancia vital. Los programas televisivos de cocina ponen sobre la mesa platos que demuestran que existen alternativas a la comida rápida, las pizzas y los platos preparados que los espectadores pueden preparar en cuestión de minutos. A menudo los ingredientes que utilizan los chefs televisivos son relativamente inusuales, elementos que los espectadores raramente utilizan para cocinar – como, por ejemplo, vieiras, chirivías, pollos de Bresse o tal vez galampernas – , pero estos nuevos alimentos exóticos se combinan con los platos clásicos en un derroche multicolor. En las cocinas televisivas, la creatividad es el quid de la cuestión.
 
Aunque por un lado los sociólogos y nutricionistas debaten si la cocina casera es cada vez menos colorida y está perdiendo su individualidad por el constante ataque de los programas culinarios, por otro lado parece que la nueva tendencia de recibir en casa estimula el interés por la cocina y por experimentar con nuevos ingredientes, siempre y cuando preparar esos platos resulte sencillo.
En este contexto, no resultan sorprendentes los resultados de un reciente estudio sobre programas de cocina y hábitos de alimentación realizado por los encuestadores alemanes online “sozioland”, y operados por Respondi AG (www.sozioland.de): los espectadores prefieren a los chefs de la tele que lo son “por hobby”, que tienen los pies en la tierra y que son quienes hacen todo el trabajo, a los grandes cocineros de la guía Michelín. La razón de ello es que se supone que lo que hace el cocinero de la tele lo puede hacer el espectador en casa, mientras que el arte culinario de las grandes estrellas Michelín es mucho más difícil de imitar.
 
Cocinar con pasión
El primer cocinero televisivo fue el francés Marcel Boulestin, quien en 1937, en un programa piloto de la BBC británica, daba algunos consejos sobre cómo preparar una buena tortilla al tiempo que la hacía. Su lema era: “la cocina no es química. Es un arte que requiere más de instinto y de gusto que de medidas exactas”. El primer chef en aparecer regularmente en la televisión fue también el francés Raymond Olivier, quien con su programa “El arte y la magia de cocinar”, que empezó a emitirse en Francia en 1953, consiguió una enorme popularidad y la oportunidad de estar muchos años en antena.
 
Al principio, en los programas de cocina en televisión se ofrecían fundamentalmente consejos prácticos sobre métodos y utensilios culinarios; pero poco a poco el formato empezó a introducir la presentación de nuevas recetas. A finales de los 70 los cocineros de la tele comenzaron a vincular los temas de alimentación y salud, y hoy en día, además de sugerir nuevas ideas y ofrecer consejos, estos programas son fundamentalmente programas de entretenimiento.
 
En Estados Unidos, por ejemplo, los programas que emite el canal de televisión por cable “Food Network” giran enteramente alrededor de la cocina, ofreciendo - eso sí - un valor adicional de entretenimiento. Cada programa es presentado por un chef dedicado a un ámbito en particular de la cocina; así, por ejemplo, un chef puede encargarse de las especialidades de la cocina mediterránea mientras que otro se ocupa de los postres o de preparar platos rápidos. A veces hay algún número musical, y en otras ocasiones presentan reportajes filmados en los exteriores del estudio, o invitan a gente famosa a cocinar algún plato.
 
Uno de los cocineros televisivos más famosos en Estados Unidos es Emeril Lagasse, quien ha conseguido ganarse a la audiencia no solo por sus habilidades culinarias – es especialista en la cocina del sur de EE.UU. – sino por ser el prototipo de hombre hecho a sí mismo. Lagasse, hijo de canadiense y portuguesa, creció en Massachusetts, donde desde muy joven comenzó a trabajar en una pastelería. Allí descubrió su talento para la cocina, aprendió a hornear pan y los secretos de la repostería.  Decidido a convertirse en chef, se matriculó en el Colegio de Artes Culinarias de la Universidad de Johnson & Wales.
 
El poder del merchandising
Lagasse comenzó su carrera profesional como chef del restaurante “Commander’s Palace” de Nueva Orleáns, y en 1990 abrió su propio restaurante, el “Emeril’s”. Su primer programa de televisión, emitido en 1993, fue “Cómo hervir agua” y estaba dirigido fundamentalmente a aquellos que nunca se habían puesto ante los fogones. A ese programa le siguieron  “La esencia de Emeril’ (1994), “Emeril en directo“ (1997) y “Emeril Green” (2008). Al ser un personaje muy conocido, la maquinaria del merchandising ya se ha puesto en marcha y los utensilios de cocina, manteles, vajillas, libros de cocina, CDs de música, etc.,  de la marca Emeril tienen tanto tirón en Estados Unidos como por ejemplo el nombre de Jamie Oliver en Europa, Ana Maria Braga en Brasil, Mcdang en Tailandia o Pei-Mei Fu en Taiwán.
 
La gama de productos Emeril incluye también alimentos que pueden añadirse a la cocina para que la preparación de los platos sea más rápida y fácil. Por ejemplo, los diferentes tipos de caldos forman la base de muchos platos y sirven para darle un sabor especial - algo que no solo lleva mucho tiempo hacer en casa siguiendo el método tradicional, sino que además requiere ingredientes especiales -.
 
Emeril Lagasse afirma que “cuando me piden un consejo culinario, siempre digo lo mismo: invierte en caldos. Mucha gente no tiene tiempo para hacer caldos o preparar un consomé en casa; por eso nosotros ofrecemos la misma variedad de caldos de calidad, listos para utilizar, que utilizamos en nuestros restaurantes. Solo empleamos los mejores ingredientes y dejamos que los caldos hiervan a fuego lento durante muchas horas para conseguir un sabor especialmente intenso”. Bajo la marca “Emeril’s All Natural” en EE.UU. se comercializan productos orgánicos en las variedades de caldo de verduras, pollo y carne en envases de cartón asépticos. Se trata de productos de máxima calidad, orgánicos y sin grasas, que proporcionan la base perfecta para preparar sopas, salsas, risottos, cuscus, ratatouille y estofados (foto: Emeril). Los cocineros de la tele como Lagasse elaboran fórmulas listas para servir “aceptables” para una cocina que no solo es creativa y saludable sino también muy ambiciosa.
 
Una ayuda en la cocina
Pero no es solo en Norteamérica donde los fabricantes posicionan sus productos listos para usar como prácticas ayudas para cocinar perfectamente legítimas en términos de calidad. En el sur de Europa, por ejemplo, la utilización de productos preparados Premium es una parte aceptada de la cocina excelente. Incluso famosos chefs como David Jiménez , dueño durante siete años del restaurante del mismo nombre en Madrid, considera estos productos como prácticas alternativas. Él ha sido alumno de Arzak, chef galardonado con 3 estrellas Michelín; hace ya muchos años que el restaurante “Arzak” está considerado uno de los mejores restaurantes de todo el mudo.
Jiménez ha aparecido también en un programa de la televisión española local: ”Los programas de cocina de la televisión demostraron que cocinar no es solo para amas de casa. Los programas de cocina de la televisión han tenido gran éxito, sobre todo entre la audiencia más joven, a la hora de acabar con las inhibiciones de la gente, animándoles a meterse en la cocina y a tratar con una amplia variedad de ingredientes, así como a ser creativos en la cocina.
Por lo general, el aspecto de entretenimiento se utiliza para mostrar que hay algo sociable en cocinar, que es divertido y que se puede abordar de un modo muy relajado. Acabar con las inhibiciones significa, ante todo, hacer que la gente empiece realmente a cocinar para ella misma.
En este sentido son por ejemplo una ayuda los caldos Premium listos para usar, o los productos de tomate que se procesan recién cosechados a fin de que mantengan su óptima calidad cuando llegan a manos del consumidor. En lugar de hervir el caldo durante horas, o de pelar, quitar las pepitas y trocear los tomates, la gente ahora tiene también acceso a versiones de calidad Premium listas para usar que resultan perfectas para cocinar.”
A pesar del creciente interés por cocinar en casa, Jiménez no ve que sea menor el deseo del consumidor por comer fuera de vez en cuando como una consecuencia inevitable de esta nueva domesticidad: “Cuando la gente invierte tiempo en cocinar y tratar los ingredientes, desarrolla un nuevo concepto de calidad. A la larga, esto hace que los consumidores estén más dispuestos a permitirse la ocasional visita a locales especiales y restaurantes de primera clase como un suplemento especial a sus propios experimentos en la cocina. Pero solo lo harán como un capricho ocasional – el principal interés está puesto en cocinar en casa. Con un marketing apropiado, los fabricantes de alimentos cuentan con buenas oportunidades de comercializar productos de calidad y ganar consumidores respondiendo a su creciente interés por los programas culinarios de la TV y creando sus propias invenciones culinarias”.
 
En palabras del chef de la TV Emeril Lagasse: “cuando me piden un consejo culinario, siempre digo lo mismo: invierte en caldos. Mucha gente no tiene tiempo para hacer caldos o preparar un consomé en casa; por eso nosotros ofrecemos la misma variedad de caldos de calidad, listos para usar, que utilizamos en nuestros restaurantes”. Bajo la marca “Emeril’s All Natural” en EE.UU. se comercializan productos orgánicos en las variedades de caldo de verduras, pollo y carne en envases de cartón asépticos.
 
Los productos de caldo de Gallina Blanca, líder de mercado en España, se han convertido en un popular ingrediente de la buena cocina.

El fabricante de alimentos italiano Boschi Food & Beverage vende en todo el mundo Tomato Passata (tomates finamente tamizados) y tomates troceados bajo las marcas “Pomì’ y ‘Pomìto’, brindando al consumidor productos italianos de calidad.

David Jiménez, dueño durante siete años del restaurante del mismo nombre en Madrid, considera estos productos cómodas alternativas: ”Los programas de cocina de la televisión demostraron que cocinar no es solo para las amas de casa. Los programas de cocina de la televisión han tenido mucho éxito, sobre todo entre la audiencia más joven, a la hora de acabar con las inhibiciones de la gente, animándoles a meterse a cocinar y tratar con una amplia variedad de ingredientes, y a ser creativos en la cocina.“