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El acuerdo entre la UE y la India plantea cuatro riesgos que podrían condicionar su efectividad en el comercio internacional

• Tras veinte años de bloqueo, este pacto refuerza una relación comercial en rápida expansión entre dos economías que representan cerca de una cuarta parte del PIB mundial y un tercio del comercio internacional • El acuerdo prevé una apertura comercial sin precedentes, con la liberalización de más del 97 % de las líneas arancelarias entre ambas partes y avances en sectores clave • Según los analistas de Coface, el pacto no está exento de riesgos: limitaciones en los sectores automovilístico, siderúrgico y químico; debilidad de la demanda global; posibles obstáculos políticos y retrasos en la implementación; y un ritmo lento en la aplicación de las reducciones arancelarias

Tras casi veinte años de negociaciones, interrumpidas varias veces desde 2007, la Unión Europea y la India han finalizado uno de los acuerdos de libre comercio (TLC) más ambiciosos de la última década, abriendo sus mercados y protegiendo, a la vez, sectores sensibles. Este acuerdo pretende estructurar y consolidar una relación comercial que ya se encuentra en rápida expansión, siendo la UE el principal socio comercial de la India desde 2006. En conjunto, ambas economías representan casi una cuarta parte del PIB mundial y un tercio del comercio internacional, subrayando la relevancia global del pacto. Las conversaciones sobre el acceso a los mercados automotriz, agrícola y lácteo se habían estancado durante años, hasta que se reanudaron en 2022 y se aceleraron notablemente en 2025.

Aunque los beneficios se esperan de forma gradual, el acuerdo ya ofrece perspectivas tangibles para el comercio de bienes, los servicios y las inversiones entre ambas partes. De hecho, tal y como indican los expertos de Coface, este pacto conlleva riesgos sustanciales que podrían amortiguar sus efectos económicos.

Una negociación de apertura masiva en un contexto geopolítico tenso

El acuerdo establece un nivel de apertura comercial sin precedentes: la UE está liberalizando el 97 % de sus líneas arancelarias para las exportaciones indias (el 91 % de las cuales de inmediato), mientras que India está reduciendo gradualmente sus aranceles sobre más del 97 % de las importaciones europeas, con avances clave en servicios, propiedad intelectual y varios sectores estratégicos, a pesar de las protecciones para los automóviles, la agricultura y el acero. Así, este pacto, cubrirá 144 subsectores de servicios.

Su firma responde a un entorno geopolítico inestable: desde 2025, Estados Unidos ha impuesto aranceles acumulativos del 50 % a las exportaciones indias, la pérdida parcial del SGP (Sistema General de Preferencias) ha debilitado el acceso de India al mercado de la UE, y Nueva Delhi busca asegurar un marco más estable. Para la UE, el acuerdo forma parte de una estrategia de diversificación, autonomía comercial y reafirmación del libre comercio ante las tensiones globales.

“Este acuerdo marca un punto de inflexión para las economías europea e india: redefine el acceso al mercado, asegura cadenas de valor clave y, por primera vez en dos décadas, crea un marco comercial capaz de amortiguar los choques geopolíticos” afirma Markus Kuger, economista para Alemania de Coface.

Un acuerdo ambicioso, pero con riesgos estructurales persistentes

Si bien el acuerdo abre significativamente los mercados, los economistas de la compañía líder en gestión integral del riesgo comercial, identifican cuatro riesgos clave que podrían reducir los beneficios de este acuerdo.

N.º 1: Riesgos económicos y sectoriales

En sectores clave como el automóvil, la reducción de los aranceles indios (del 70 - 110 % al 10 %) ofrece una apertura real, pero no es suficiente para romper las restricciones estructurales del mercado: predominio de los vehículos de dos ruedas (80 % de las ventas), baja tasa de propiedad de automóviles, fuerte concentración de fabricantes locales y cuotas limitadas a 250.000 vehículos al año para las exportaciones europeas.

En los sectores siderúrgico y químico, los productores indios seguirán sujetos a las normas europeas más estrictas, en particular al mecanismo de ajuste en frontera de las emisiones de carbono (CBAM), cuya aplicación podría generar costes adicionales de más de 200 € por tonelada para ciertos aceros. La UE prevé proporcionar 500 millones de € en apoyo a la descarbonización en India, pero estas cantidades no serán suficientes para compensar por completo los efectos de las nuevas restricciones.

N.º 2: Riesgos relacionados con la demanda global

En el sector textil y de la confección, los beneficios derivados del acceso libre de impuestos a la UE podrían verse limitados por la persistente debilidad de la demanda europea, así como por la competencia de proveedores que se benefician del acceso preferencial hasta 2029 (Bangladesh en particular).

N.º 3: Riesgos políticos y de implementación

El precedente del acuerdo UE-Mercosur, que sigue bloqueado, demuestra que un acuerdo puede permanecer suspendido a pesar de la firma política. Si bien la ausencia de productos agrícolas sensibles reduce la exposición del acuerdo UE-India, no se puede descartar la posibilidad de un revés político. Por parte de la India, los riesgos son menores, pero las medidas paralelas, como la mejora de los visados de negocios, dependen de los Estados miembros y podrían no implementarse con rapidez, lo que genera tensiones y retrasos.

N.º 4: Riesgos de tiempo

El alcance de los beneficios dependerá en gran medida del ritmo de implementación: en varios sectores, las reducciones arancelarias se extenderán a lo largo de 5 a 7 años, o incluso más (plásticos). Esto genera un riesgo de decepción para las empresas europeas, que podrían ver los beneficios solo a largo plazo, mientras que ciertas restricciones regulatorias se aplican de inmediato.