Con más de cuarenta años de existencia, la mítica botella de granini forma parte inseparable del adn de la marca y ha evolucionado sin alterar su esencia.
Su inconfundible diseño con múltiples alveolos en vidrio transparente han convertido a la mítica botella granini en el símbolo de una de las marcas de zumos, néctares y bebidas de fruta más reconocidas a nivel internacional. Heinz Schürmann, fundador de la marca granini, fue el impulsor de este icónico formato de botella que causó furor al lanzarse, hace algo más de cuarenta años, en 1969. Desde entonces, ésta se convirtió en todo un emblema de la marca y en parte inseparable de su adn.
La original botella granini, que substituyó a las anteriores de la marca hasta ese momento, más clásicas y tradicionales, encandiló a los consumidores de la época y revolucionó el sector. Presentaba un formato muy diferente al que hasta entonces era habitual en bebidas: una forma atractiva y a la vez ergonómica, con un cuello de botella ancho unido a una base más voluminosa y redondeada, caracterizada por la presencia de unos originales y llamativos alveolos que, según Schürmann, representaban los granini -pequeños frutos o granos, en italiano- en referencia al poso que dejaba la pulpa, y que, a la vez, facilitaban el agarre de la botella. La transparencia del envase, elaborado en vidrio, era clave para el alemán, ya que permitía apreciar directamente tanto el color como la pulpa del producto, en definitiva, su calidad. Y es que, para su elaboración, Schürmann se inspiró en los zumos que había podido degustar en Italia, país que le fascinó por la variedad de frutas y por el rico sabor de los zumos naturales que allí se elaboraban, llenos de pulpa.

