Un bar para el barrio


La quinta apertura de Casa Neutrale, a un paso de la Plaza de Olavide, propone un bar donde se toma vermut, se comparten pinchos y la vida va más despacio.

Hay bares a los que uno va a comer, y luego están los bares donde pasan cosas. Donde las conversaciones se mezclan con el ruido de los platos, donde  alguien pide otro vermut “y ya nos vamos”, donde siempre hay una mesa ocupada por amigos poniéndose al día y otra con dos abuelos viendo el fútbol como si el partido fuera una cuestión de Estado. Casa Neutrale Bar nace precisamente de esa idea.

La quinta apertura de Casa Neutrale llega a Chamberí, en la calle Santísima Trinidad, 6, a pocos pasos de la Plaza de Olavide, con el deseo de recuperar la esencia del bar de barrio: ese lugar que forma parte de la vida cotidiana, donde caben todas las generaciones y donde el tiempo parece ir un poco más despacio.

Por la mañana, huele a café recién hecho y a pan con tomate y aceite. Hay quien empieza el día en la barra, alguien leyendo el periódico, vecinos que entran solo “a saludar” y acaban quedándose un rato más.

A mediodía llegan las cañas, los vermuts y los platos al centro. Gildas, marineras, croquetas, ensaladilla rusa, boquerones o anchoas que van y vienen entre conversaciones largas y mesas compartidas. También marisco de lonja —gambas, vieiras o berberechos— y platos de esos que reconfortan y saben a casa: albóndigas, solomillo a la pimienta o macarrones de la abuela.

Por la tarde y la noche, el bar cambia de ritmo sin perder su esencia. Hay primeras citas, amigos que se encuentran después de semanas sin verse, familias compartiendo cena y vecinos que pasan “solo un momento” y terminan cerrando la noche. Todo ocurre de manera natural, sin ceremonias, como en los bares de siempre.

El local, anteriormente conocido como Chucks, comienza ahora una nueva etapa manteniendo su alma social, pero con una identidad propia: la de un bar cercano, cálido y cotidiano, donde se viene a comer bien, sí, pero sobre todo a estar.

Porque Casa Neutrale Bar no quiere ser solo un restaurante. Quiere ser ese sitio que se cruza en el paseo, donde siempre hay alguien conocido, donde las mesas se llenan de historias y donde Madrid todavía conserva esa costumbre tan bonita de encontrarse alrededor de un bar.