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El auge del turismo intensifica el reto del desperdicio alimentario en hoteles, buffets y restaurantes

Phenix destaca que mejorar la planificación, medir los excedentes y dar una segunda vida a los alimentos aptos para el consumo permite reducir el desperdicio sin afectar a la experiencia del turista.

España afronta una nueva temporada alta con una demanda turística internacional sólida. Solo en mayo, antes del comienzo del verano, el país recibió 10,3 millones de turistas internacionales, un 9,5 % más que en el mismo mes de 2025, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística.

El aumento de visitantes multiplica la actividad de hoteles, restaurantes, buffets y otros establecimientos situados en zonas turísticas, que deben adaptar sus compras y su producción a una demanda elevada, cambiante y difícil de prever. Este contexto también intensifica uno de los principales retos del sector: evitar que el crecimiento del consumo se traduzca en un aumento de los excedentes alimentarios.

Durante los meses de verano, los establecimientos deben disponer de producto suficiente para atender a más clientes, mantener una oferta variada y responder a posibles picos de demanda. Sin embargo, factores como la ocupación, las reservas y cancelaciones de última hora, la meteorología, las excursiones o las diferencias en los hábitos de los viajeros pueden hacer que las previsiones no coincidan con el consumo real.

Como consecuencia, parte de las materias primas adquiridas o de los alimentos preparados puede no llegar a consumirse. Ante este escenario, Phenix, empresa especializada en la gestión del excedente alimentario, señala que el crecimiento de la actividad turística debe ir acompañado de una gestión más eficiente y sostenible de los recursos.

Una demanda elevada y difícil de anticipar

El reto es especialmente visible en los hoteles y buffets, donde la variedad y la disponibilidad constante forman parte de la experiencia del huésped. Desayunos, comidas y cenas se organizan principalmente en función de la ocupación prevista, aunque el número de comensales y sus hábitos de consumo pueden variar incluso pocas horas antes del servicio.

Para evitar que falten productos, los establecimientos pueden preparar más cantidad de la que finalmente se consume o mantener una oferta amplia hasta el cierre. Además, una vez expuestos o manipulados durante el servicio, determinados alimentos pueden dejar de ser aprovechables por motivos de seguridad alimentaria.

Esta situación también afecta a restaurantes, cafeterías y otros negocios ubicados en destinos turísticos. La llegada puntual de grupos, la celebración de eventos, el tiempo o las diferencias de afluencia entre días laborables y fines de semana pueden provocar cambios importantes en la demanda.

Una previsión superior al consumo real puede traducirse en productos sin utilizar, platos preparados que no llegan a venderse o alimentos cuya vida útil termina antes de que puedan aprovecharse.

Prevenir y dar una segunda vida a los excedentes

Phenix recuerda que el primer paso para reducir el desperdicio es evitar que llegue a generarse. Analizar el histórico de ventas y consumo, relacionar la producción con la ocupación y las reservas, y registrar qué productos sobran permite detectar patrones y realizar previsiones más precisas.

En el caso de los buffets, realizar reposiciones progresivas y adaptar las cantidades al ritmo real de consumo ayuda a mantener la variedad del servicio sin exponer desde el principio todo el producto previsto. La digitalización también permite conectar la información de compras, reservas, producción y consumo para tomar decisiones más ajustadas.

Cuando el excedente no puede evitarse, el siguiente paso consiste en identificar qué productos continúan siendo aptos para el consumo y buscar el destino más adecuado para ellos, ya sea mediante la donación u otras soluciones de valorización. Para ello se necesita tener implementados procesos y protocolos para poder destinar excedentes a los canales de valorización que más se adapten a las necesidades de las empresas y de la tipología de producto, siempre en línea con los requisitos legales.

Esta gestión permite reducir el impacto ambiental asociado a la producción, el transporte, el almacenamiento y la preparación de los alimentos, reducir pérdidas económicas para las empresas y generar impacto positivo en la sociedad a nivel local Para los establecimientos, también supone optimizar las compras, controlar los costes y aprovechar mejor los recursos sin perjudicar la calidad del servicio.

“El verano supone un desafío especialmente complejo para hoteles y restaurantes, que deben garantizar una oferta suficiente ante una demanda que puede cambiar de un día para otro. Reducir el desperdicio no significa ofrecer menos, sino conocer mejor el consumo, ajustar la producción y contar con soluciones para que los alimentos que no se han vendido o servido puedan tener una segunda vida”, explica Alejandro Andreu, Head of Iberia de Phenix.