La Barra de Ultramarines estrena temporada: nuevos platos, mucho aperitivo y el Madrid que siempre apetece


En plena Plaza del Carmen, La Barra de Ultramarines renueva su carta sin perder aquello que la define: una gran barra, producto reconocible, platos para compartir y ese espíritu madrileño que convierte un aperitivo en una comida y una comida en una sobremesa sin hora.

Hay sitios a los que se va a comer y otros a los que se va a estar. La Barra de Ultramarines pertenece claramente a los segundos.

A un paso de Gran Vía, el espacio del Grupo Lamucca se ha convertido en uno de esos lugares que funcionan casi a cualquier hora: para un vermut, para picar algo, para comer sin prisas o para acabar quedándose bastante más de lo previsto.

La nueva temporada llega ahora con una carta renovada que sigue fiel a su filosofía: producto de calidad, recetas reconocibles, platos pensados para compartir y mucho espíritu de barra. La esencia no cambia.

Empezar por una gilda y ver qué pasa

En La Barra de Ultramarines no hace falta complicarse demasiado. Se puede empezar con una gilda, seguir con una anchoa 00 sobre brioche, unas croquetas de jamón o unos boquerones caseros en vinagre, y dejar que la mesa decida el resto.

También hay espacio para clásicos con algo más de intención, como la tosta de foie, la tortilla vaga con alcachofas y espárragos o los calamares a la andaluza.

La casquería mantiene su protagonismo con torreznos, oreja con salsa brava, mollejas de ternera a la parrilla con ajoblanco y callos a la madrileña. Platos sin demasiadas vueltas, con sabor reconocible y muy de esa forma castiza de sentarse alrededor de una barra y pedir “algo más”.

Para quedarse a comer

Si el aperitivo termina convirtiéndose en comida, algo bastante probable en La Barra, la carta sube el tono con platos como el pepito de solomillo, el steak tartar de vaca con alcaparras fritas, el chuletón de vaca madurada 35 días, el pollo al ajillo o los dados de solomillo Strogonoff.

A ellos se suman los arroces en llauna, pensados para compartir en el centro: seco de pollo y verduras, negro de chipirones con puntillas, meloso de campo con aroma de romero o meloso de marisco.

Y para quienes prefieren dejar que el producto hable solo, la barra mantiene una selección de jamón puro de bellota, cecina de Angus madurada 24 meses, queso manchego curado, ostras al natural, pulpo a feira, mejillones al vapor o txipirones encebollados.

Una barra muy de Madrid

El espacio acompaña esa forma despreocupada de comer y beber. La Barra de Ultramarines reinterpreta el bar madrileño desde una estética contemporánea, con hormigón visto, granito, latón y madera, materiales que conviven con mobiliario de inspiración clásica y una gran intervención gráfica.

El resultado es un lugar abierto, vivo y conectado con la plaza, donde el interior y el exterior se mezclan de forma natural. Ahí está buena parte de su encanto: no pretende reinventar el bar, sino recuperar todo lo que hace que queramos volver a él.

Vermut, vino y sobremesa

La bebida también forma parte del plan. La carta de vinos recorre distintas regiones españolas, con blancos de Rueda, Valdeorras y Rías Baixas; tintos de Rioja, Ribera del Duero, Madrid o Ribeira Sacra; además de generosos, espumosos y vermuts. Si el día pide algo más relajado, en su propuesta también tienen presencia las sangrías y aperitivos, desde el vermut casero hasta propuestas de autor.

La nueva carta de temporada refuerza esa manera de entender Madrid: comida reconocible, buen producto, copa en mano y tiempo para compartir.