El verano vuelve a poner en jaque al comercio minorista. El incremento de turistas y las aglomeraciones en las principales zonas vacacionales dispararán los hurtos en los establecimientos españoles, generando unas pérdidas superiores a los 760 millones de euros y concentrando ya más de una cuarta parte de las sustracciones registradas durante todo el año.
El verano se consolida como una de las épocas más críticas para el comercio minorista en materia de pérdida desconocida. El incremento de turistas y consumidores en las principales zonas vacacionales del país dispara la actividad comercial, pero también favorece el aumento de los hurtos en establecimientos de retail, supermercados y áreas de ocio.
Según el último Barómetro del Hurto en la Distribución Comercial elaborado por Checkpoint Systems, las pérdidas asociadas a la pérdida desconocida durante la campaña estival ascenderán a cerca de 760,5 millones de euros. El fenómeno ya supone el 1,1% de la facturación total de las empresas de distribución encuestadas y concentra el 27% del total de los hurtos anuales.
La elevada afluencia de visitantes y las grandes aglomeraciones convierten especialmente a las zonas turísticas y costeras en puntos de especial vulnerabilidad. Los delincuentes aprovechan el aumento de la actividad para sustraer productos de alta demanda estacional y fácil reventa en mercados paralelos.
Cremas solares, alcohol e ibéricos, entre los productos más sustraídos
El análisis de Checkpoint Systems revela un patrón muy definido en los productos más afectados por los hurtos durante el verano. Las cremas solares lideran el ranking, seguidas por las bebidas alcohólicas, los productos ibéricos, los ahumados —especialmente el salmón— y los aceites.
La celebración del Mundial de fútbol también está influyendo en las pautas de hurto de esta campaña. A pesar de disputarse en México y Estados Unidos, el evento ha incrementado la demanda de artículos vinculados al campeonato, como camisetas de selecciones y cromos coleccionables, productos que están registrando un repunte de sustracciones en los comercios españoles.
El estudio también pone de manifiesto importantes diferencias geográficas. En el norte del país destacan los hurtos de bebidas alcohólicas, mariscos y embutidos; en el interior sobresalen las conservas, los aceites y el alcohol; mientras que en el sur predominan las cremas y bronceadores solares, junto con las bebidas alcohólicas y el pescado fresco. En la zona de Levante y las islas, los preservativos y las cremas solares figuran entre los productos más vulnerables.
Crece la preocupación por la reincidencia y la violencia
El Barómetro refleja un empeoramiento de la percepción del problema entre las empresas de distribución. El 65% de las compañías considera que los hurtos externos se han incrementado en el último año y el 74% advierte de un aumento de la agresividad verbal o física hacia los trabajadores de tienda.
El perfil de los autores también evidencia una creciente profesionalización de este tipo de delincuencia. El 35% de los hurtos son cometidos por bandas organizadas, mientras que el 51% corresponde a autores multirreincidentes, es decir, personas que perpetran tres o más hurtos al año en establecimientos comerciales. Además, casi la mitad de estos infractores tiene menos de 30 años.
Las cifras del Ministerio del Interior de España corroboran la magnitud del fenómeno. Los hurtos registrados durante el verano de 2025 superaron los 169.900 casos y representaron el 26,8% del total anual, aunque mostraron un ligero descenso respecto al ejercicio anterior, apuntando hacia una cierta estabilización tras varios años de crecimiento continuado.
Dentro de los establecimientos, la sala de ventas sigue siendo el principal escenario de los hurtos, seguida de las zonas de cajas y los probadores.
Ante este escenario, el sector del retail está intensificando sus estrategias de prevención mediante la incorporación de tecnologías de seguridad más avanzadas. Entre las soluciones con mayor implantación destacan los sistemas antihurto inteligentes y la tecnología RFID, que permite mejorar la trazabilidad de la mercancía en toda la cadena de suministro, reforzar el control del inventario y minimizar el impacto económico de la pérdida desconocida en los establecimientos.


