En Roses, al buen tiempo, siempre mejor cara

Disfrutar del primer baño de la temporada en el corazón de la Costa Brava, en un enclave espectacular y disfrutando de la mejor gastronomía en una palabra: Roses.

Con la llegada del buen tiempo, la Costa Brava se convierte en un destino ideal para aquellos que buscan disfrutar de un clima único, de la tranquilidad de la playa y de una suculenta selección de manjares en la mesa. En este sentido, Roses es uno de los lugares más privilegiados de la zona.
 

Las tardes empiezan a ser apeteciblemente largas y pocas cosas gustan más que detenerse frente al mar en cualquier punto de la Bahía de Roses y dejarse llevar por la brisa y el sonido de las olas. Lo difícil es decantarse por una de sus playas: Cala Montjoi, con sus aguas cristalinas y rodeada de acantilados es una de las playas más bonitas de Roses. Es ideal para aquellos que buscan tranquilidad y naturaleza. Playa de la Almadrava, por otra parte, con su arena gruesa situada al norte, es una playa muy popular entre los locales. O la siempre salvaje Cala Jóncols, rodeada de naturaleza y perfecta para practicar snorkel y disfrutar de la tranquilidad y la belleza natural de la zona.  

El entorno natural de Roses es espectacular. El Parque Natural de Cap de Creus, situado muy cerca de la ciudad, ofrece paisajes únicos en Europa. Este paraje es ideal para realizar rutas de senderismo y ciclismo, lo que permitirá al visitante adentrarse en un entorno natural único. También se puede disfrutar de un paseo en barco y así descubrir esas calas de aguas cristalinas tan características de Roses a lo largo de la costa.

Hablar de gastronomía en Roses conduce sí o sí a la dieta Mediterránea. Es obligatorio no concluir la visita sin haber degustado delicias como el ‘Suquet de peix’, un guiso sorprendentemente simple hecho con pescado fresco acompañado con patatas, ajo, tomate, pimiento y otras especias que recoge la esencia de lo que es Roses: mimar lo local, elegir el producto fresco de la tierra y primar la calidad por encima de cualquier otro concepto. Mucha de esa esencia se plasma también en su cultura vinícola. A lo largo del tiempo, el cultivo de la vid ha sido el protagonista de estas tierras. Desde la época de los emporitanos hasta los dominios eclesiásticos de Sant Pere de Rodes o Sant Quirze de Colera, y pasando por el movimiento cooperativo que surgió después de la crisis de la filoxera en el siglo XX, hasta la actualidad, donde se observa un florecimiento de muchas iniciativas con gran entusiasmo y habilidad. Todo ese esfuerzo se ve reflejado en una Denominación de Origen con alma propia: Empordà. Incluye más de 40 bodegas, principalmente en el Alt Empordà. La uva predominante es la garnacha, también conocida como ‘lledoner’, en sus variedades blanca, roja y negra, así como la cariñena. Se pueden encontrar diferentes tipos de vinos, desde jóvenes y afrutados hasta crianzas excepcionales y vino dulce de garnacha.

En definitiva, la primavera en Roses es una experiencia única que no se puede dejar pasar. El entorno natural, la historia, la cultura y la gastronomía de esta ciudad hacen que sea un destino perfecto para todos aquellos que quieran disfrutar de unos días de relax en la costa. Y si además se tiene la oportunidad de participar en el primer baño de la temporada, la experiencia será aún más memorable.

Más Información en: http://ca.visit.roses.cat/