Cada 25 de octubre se celebra el Día Mundial de la Pasta, una fecha para rendir tributo a uno de platos más populares de la gastronomía italiana. Café Barbieri, el histórico café de Lavapiés con alma ítalo-castiza, se une a esta celebración con recetas que conquistan por su autenticidad y sabor. Conchiglie al pesto pistacchio, Rigatoni alla carbonara y la Pasta del día son las protagonistas de una jornada para disfrutar “al dente” del placer de comer bien.
El próximo 25 de octubre se celebra el Día Mundial de la Pasta, una fecha que rinde homenaje a uno de los platos más universales de la gastronomía italiana. En esta ocasión el histórico Café Barbieri, invita a celebrarlo con recetas llenas de sabor elaboradas con ingredientes de primera calidad y con el sello inconfundible de su propuesta ítalo-castiza.
El café-restaurante ubicado en pleno corazón de Lapaviés y por cuyas mesas han pasado, a lo largo de sus más de 120 años de historia, decenas de escritores, pintores, músicos, políticos, artistas y personalidades diversas del mundo de la cultura, propone tres elaboraciones que reflejan la esencia de su carta. A aquellos que les gusta probar platos nuevos, Café Barbieri les sorprenderá con su Conchiglie al pesto pistacchio, una combinación deliciosa de pasta corta con pesto de pistacho, parmesano curado 24 meses, tomates secos y guanciale crujiente. Para aquellos que prefieren una opción más tradicional, el café-restaurante propone su Rigatoni alla carbonara, elaborado con la receta romana más auténtica, con guanciale, yema y pecorino romano, sin añadidos innecesarios: pura tradición italiana en cada bocado. Pero, para aquellos que disfrutan dejándose sorprender por la creatividad del chef, la Pasta del Día propone cada jornada una receta diferente en función de los productos de temporada.
De este modo, todos aquellos que se acerquen a Café Barbieri para celebrar el Día Mundial de la Pasta, descubrirán una gastronomía ítalo-castiza de máxima calidad. Además, podrán disfrutar de estas recetas en un espacio que ha recuperado el encanto de su primera etapa, con su sala principal que mantiene su imagen original, en la que se despliegan las mesas de mármol y madera y sus inconfundibles sofás de terciopelo rojo de época. Un salón, rodeado de amplios ventanales a la calle y grandes espejos, presidido por la musa Erato, que ha escuchado y vivido miles de historias con el paso de los años.
