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Martes 7 de abril de 2020
28/02/2020
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Alerta: estás -seguramente- usando mal el gel de limpieza facial

En la mayoría de los casos, se suele aplicar el gel sobre el rostro para espumar ya en la cara, pero este gesto puede resultar más abrasivo y, sobre todo, limpiar menos y que se deseche producto

Casi siempre, cuando alguien usa productos de limpieza facial en formato gel, su rutina es la siguiente: lavarse las manos con agua y jabón, aclarar, humedecer el rostro, aplicar el gel, frotar y luego aclarar. Pues este gesto que parece tan natural, realmente no es el adecuado. “Si aplicamos el gel sobre el rostro y esperamos a hacer espuma mientras lo masajeamos, estaremos reduciendo la capacidad de arrastre del limpiador, lo que hará que tendamos a usar más cantidad de producto del adecuado y limpiemos menos de lo que deberíamos”, explica Raquel González, directora de educación de Perricone MD. La clave está, entonces, “en humedecer las manos, verter el gel en ellas, frotar y, cuando haya suficiente espuma, aplicar y masajear sobre el rostro. El hecho de que la espuma ya esté formada, incrementará la capacidad de arrastre e higienizadora del gel, permitiendo un desmaquillado en profundidad y una más fácil eliminación de residuos más asentados, como la contaminación o los productos de protección solar, más resistentes”, añade Bella Hurtado, directora de educación de Aromatherapy Associates.

 

ESQUEMA DE LA LIMPIEZA

EN GEL PERFECTA

  1. Con las manos limpias y húmedas, aplicar el gel
  2. Masajear en las propias manos hasta que haga espuma
  3. Aplicar sobre el rostro en sentido ascendente y circular
  4. Retirar con agua tibia, a 30ºC

 

¿Ocurre lo mismo con los bálsamos o los aceites?

No obstante, los expertos sí aclaran que, cuando se hace una limpieza en doble fase, el primer producto podría aplicarse directamente sobre el rostro solo en el caso de que sea un bálsamo de base oleosa, aunque siempre sea preferible empezar a trabajarlo con las manos: “este tipo de productos tienen una mayor afinidad con la suciedad de base lipídica, y así conseguiremos mayor capacidad de arrastre. Al no ser productos espumosos, podremos trabajarlos sobre el rostro directamente, pero siempre es mejor empezar a trabajarlo con la palma y yema de las manos para que tomen temperatura y adquieran la textura deseada”, comenta Estefanía Nieto, directora técnica de Omorovicza. Esto es con los bálsamos o ceras de limpieza, pero entonces, ¿qué ocurre con los productos bifásicos o con los aceites espumosos? Lo mismo que con los geles, puesto que como explica Elisabeth San Gregorio, directora técnica de Medik8 “siempre que usemos como limpiador un agente espumoso, debe llegar ya con formato espuma al rostro para asegurar que penetre mejor en los poros, limpie en profundidad y no genere una abrasión, sobre todo cuando incluyen principios exfoliantes”. Es decir, cuando se aplican limpiadores que contienen, por ejemplo, Alfahidroxiácidos, es especialmente importante hacer este paso de espumación previo, ya que si no el ácido puede ser más abrasivo al tener que trabajarse demasiado desde el inicio sobre la piel facial.

Los limpiadores favoritos

Hay una serie de limpiadores de nueva generación que resultan tremendamente positivos para la piel, porque incorporan principios activos que no solo limpian sin resecar, sino que además añaden ingredientes con multitud de beneficios antiedad, exfoliantes, astringentes, calmantes, etc. “Por ejemplo, cuando se usa un limpiador rico en vitamina C estable, no solo le estamos aportando limpieza al rostro, también le estamos ayudando tener mayor luminosidad, unificar el tono y reducir las manchas, incluso a mejorar la elastina, permitiendo a la piel verse más joven desde el primer paso de la rutina facial diaria”, comenta Elisabeth San Gregorio, quien añade que “determinados limpiadores que incluyen AHAs o BHAs son ideales para exfoliar la piel a diario de manera poco invasiva, puliendo paulatinamente el tejido y fomentando la regeneración celular, para que se vea más terso e iluminado”. Un gran limpiador para aportar luminosidad es Citrus Brightening Cleanser, de Perricone MD, que cuenta con vitamina C Ester e incluso con DMAE, “un gran  reafirmante dermatológico que ayuda a trabajar la firmeza facial no solo desde la piel, también desde el músculo, produciendo así un mejor sostén de la piel”, añade Raquel Gonzalez desde Perricone MD. También son buenos antiedad aquellos limpiadores que incluyen, por ejemplo, rosa en su interior, famosa por su potencial rejuvenecedor desde la antigüedad, como es el caso de Hydrating Renewing Rose Cleanser de Aromatherapy Associates, que cuenta con rosa de Damasco y se completa con energizantes como el geranio, o nutrientes como el aceite de jojoba. Por último, una gran opción para aquellas pieles más necesitadas de exfoliación es Surface Radiance Cleanse de Medik8, un gran pulidor diario durante el proceso de limpieza gracias a su riqueza en ácidos L-Láctico, salicílico y mandélico.

Si hay tiempo para una doble limpieza: ¡aceite!

Raquel González apoya lo que comentaba Estefanía Nieto, añadiendo que: “cuando se hace un proceso de doble limpieza, que es lo ideal, el primer producto debería contar siempre con una base lipídica, es decir, en aceite, puesto que tiene más afinidad y capacidad de eliminar la suciedad más profunda”. Tal es el caso de Hydra Melting Cleanser, un gel que se convierte en aceite al aplicarse sobre el rostro y, después, se vuelve leche en contacto con el agua. Lleva tanto componentes hidratantes como purificantes, como el aceite de baya de espino cerval. También energiza y tiene poder astringente gracias a los aceites esenciales de salvia, rosa y geranio. Otra buena opción es Medik8 Lipid Balance Cleanse, un aceite que al trabajarse con agua se vuelve espumoso, uniendo así los mundos del gel tradicional y del de los bálsamos en un único producto. Purifica gracias a principios como el extracto de moringa y nutre debido al omega-6  el aceite de cártamo.

 
 



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