Las conclusiones del estudio elaborado por la Escuela de Alimentación de la Fundación Eroski, muestran que la mayor parte de las ventas se han concentrado en las mejores letras (A y B) en detrimento de las menos interesantes (D y E). Al sumar todos los alimentos y bebidas, en 2023 el 56% de las ventas correspondieron a los dos perfiles de mejor calidad nutricional (A y B), frente al 50% registrado en 2020. La evolución más contundente se observa en los productos de consumo diario: un 79% de los productos vendidos llevan etiqueta A o B.
Nutri-Score se puso en marcha a finales de 2019 y se actualizó en 2024. Desde su implantación, ha revolucionado los sistemas de etiquetado en Europa. Se trata de un logotipo nutricional de colores que se coloca en la cara frontal de los envases y que divide los productos según su calidad nutricional. Va del verde –que corresponde a la mejor calidad (asociado con la letra A)–, al naranja oscuro –que corresponde a la peor calidad (asociado con la letra E).
Una compra más consciente por un consumidor informado
La revista Consumer informa del estudio elaborado por la Escuela de Alimentación de la Fundación EROSKI que ha analizado los datos de evolución de las ventas y la composición nutricional de sus productos de marca propia entre 2020 y 2023. Alejandro Martinez Berriochoa, director de la Fundación EROSKI afirma que: “Nutri-Score ha facilitado la toma de decisiones de compra más conscientes y saludables, pero además ha impulsado mejoras significativas en la composición nutricional de los productos”.
Las conclusiones muestran que la mayor parte de las ventas se han concentrado en las mejores letras (A y B) en detrimento de las menos interesantes (D y E). Además, se han incrementado las ventas de esas mejores letras desde 2020. “Esto evidencia que los consumidores, cuando cuentan con una información clara y, hacen buen uso de ella para mejorar sus hábitos alimentarios y su salud, lo hacen de manera sostenida”, valora Martínez Berriochoa.
Asimismo, este resultado positivo no ha condicionado la compra de alimentos frescos no procesados que no llevan Nutri-Score. “La hipótesis de que este logotipo podría afectar negativamente la venta de los productos frescos, base de una alimentación saludable, queda totalmente descartada”, detalla el responsable.
El doble efecto positivo de Nutri-Score
Tras analizar los datos de cada letra, el estudio realizado por la Escuela de Alimentación de la Fundación EROSKI muestra un “efecto dominó”. Esto significa que en casi todas las categorías de productos calificados con una E han ido cediendo terreno a la D; esas D a la C; las C a la B, y las B a la A. Al sumar todos los alimentos y bebidas, en 2023 el 56% de las ventas correspondieron a los dos perfiles de mejor calidad nutricional (A y B), frente al 50% registrado en 2020. Si se incluye la categoría intermedia (C), el reparto alcanza el 80%, cinco puntos más que hace tres años. La evolución más contundente se observa en los productos de consumo diario: un 79% de los productos vendidos llevan etiqueta A o B. Incluso en categoría ocasional –dulces, snacks y embutidos–, donde D y E reinan, la suma de A, B y C creció cinco puntos
Incremento en los productos clasificados con las letras A y B en productos básicos
Según datos de 2023, el 85% de las ventas de la categoría de frutas y hortalizas, entre los que encontramos frutas en conserva, deshidratadas, platos preparados de hortalizas o encurtidos, entre otros, se han con centrado en productos clasificados con las letras A y B. Desde la implantación del Nutri-Score, las ventas de productos con letra A han aumentado seis puntos. Esta evolución refleja un desplazamiento hacia opciones más saludables y se debe en parte a la reformulación de los productos procesados de estas gamas.
En la categoría de alimentos elaborados con cereales y patatas, entre los que se incluyen el arroz y sus derivados, el pan, la pasta y los platos preparados con estos ingredientes, los resultados han constatado una alta concentración de ventas en las letras, A y B. En concreto, el 90%, lo que ha supuesto un incremento de casi cuatro puntos en los productos con letra B desde 2020, a costa del descenso de casi tres puntos de los de letra D. Según los responsables del estudio, la mayor presencia de los productos integrales y la reformulación de las recetas de los platos preparados con base en arroz y pastas han favorecido este resultado.
En la categoría de legumbres, frutos secos y semillas, el 61% de las ventas han correspondido a productos con la letra A, que han crecido cuatro puntos desde 2020, en gran parte por mejora de la propuesta de la gama de estas categorías: productos D que pasan a C, productos C que mejoran a B y un incremento claro de los productos A.
Productos de consumo frecuente
Entre los productos de consumo frecuente se encuentran los lácteos. Hablamos de la leche, los quesos frescos, semicurados y curados, yogures no azucarados ni edulcorados, kéfir, cuajada y bebidas vegetales. Los consumidores se han decantado por los productos con perfiles más saludables y el 50% de las ventas se han concentrado en las letras A y B, mientras que un 35% han correspondido a la letra D, debido principalmente a los quesos curados, que son productos que aportan grasa y sal. Se ha observado un incremento de casi tres puntos en productos con la letra A, mientras que los de la letra D han caído 3,4 puntos.
En la categoría de pescado y marisco, que incluye los congelados y en conserva y los platos preparados con estos ingredientes, la venta de los productos con la letra C y D ha crecido. Según los responsables, la razón se debe a que cada vez se compran más los productos con más procesamiento, como los platos preparados de pescado. En las carnes, que no incluye ni fiambres ni embutidos, el 47% de las ventas se ha concentrado en la letra B y el 44% en la C. Los primeros se han incrementado en más de ocho puntos respecto a 2020.
Productos de compra ocasional
Cuando hablamos de los productos de consumo ocasional, como la carne procesada y los embutidos, las letras D y E han sido las que han concentrado la mayor parte de las ventas: 40% y 32%, respectivamente. Son productos con una muchas calorías, grasas saturadas y sal, por lo que la mayoría obtienen malas notas en Nutri-Score. De todas maneras, los productos con la letra B han crecido casi tres puntos desde 2020 y los de la letra E han caído 2,4.
En la categoría de comida precocinada, en la que se incluyen pizzas, empanadas y lasañas, entre otros, más de la mitad de las ventas (61%) se ha concentrado en la letra C. Desde 2020, se ha detectado una reducción del peso de las ventas de los productos B, que se reparte entre los A (3,4 puntos más) y C (2,4).
En las salsas, desde 2020 han aumentado hasta seis puntos los productos con letra A, pero también han crecido los de la letra E (8,7 puntos). La diversidad de soluciones en esta categoría, su naturaleza en muchos casos de productos de indulgencia y la entrada en juego de otros factores diferentes a la preocupación por la salud en la mente de consumidor explican este comportamiento polarizado.
En otra de las opciones menos recomendables, los snacks salados, más de la mitad de las ventas se han concentrado en la letra C, lo que refleja la dificultad de lograr mejores clasificaciones nutricionales en este tipo de productos. Aunque sí han mejorado las elecciones: desde 2020 se ha reducido la compra de productos con una D (6 puntos) y E (0,2 puntos), cuyas ventas se desplazan a productos con la letra C (8,4 puntos más). A pesar de este pequeño atisbo de mejoría, los resultados muestran algo evidente: la imposibilidad de encontrar snacks con letras A y B.
Si hablamos de los alimentos y las bebidas dulces, se ha observado una evolución positiva en la mayoría de las subcategorías. En galletas y bollería se ha reducido significativamente el peso de la letra E a favor de clasificaciones más saludables como D y C. Esta tendencia positiva apunta a un interés por buscar, dentro de un grupo de alimentos no saludables, los menos perjudiciales.


