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Naira Saenz (CETAQUA): “Cuando tiramos alimentos a la basura tiramos el planeta a la basura”

Coincidiendo con el Día Mundial del Medioambiente, AECOC, en el marco de su iniciativa “La alimentación no tiene desperdicio”, reunió a administraciones, empresas y chefs en la jornada “El impacto medioambiental del desperdicio de alimentos”.

La directora de investigación de AITIIP Centro Tecnológico, Berta Gonzalvo, fue una de las ponentes de la jornada, y ha destacado la importancia de los envases para la conservación de los alimentos y así evitar el desperdicio de éstos.

A lo largo de su intervención explicó el papel fundamental que los envases juegan en nuestras vidas y el amplio recorrido que aún presentan, especialmente los plásticos, en materia de innovación para optimizar su uso y transformación. En este sentido, Gonzalvo puntualizó que en 2019 se transformaron 51,9M de toneladas de material plástico en Europa. Sin embargo, también ha planteado uno de los grandes retos para optimizar el reciclaje y transformación del plástico: trasladar correctamente la información al consumidor. “El etiquetaje de los productos es clave para que el consumidor tenga toda la información y de este modo el reciclaje sea más eficiente y seguro”, apuntaba.

Gonzalvo también destacó la importancia de la colaboración público-privada para seguir invirtiendo en innovación para el desarrollo de tecnologías y materiales que les permita analizar las necesidades sociales y conseguir la sostenibilidad entorno a los envases y materiales plásticos.

El impacto medioambiental del desperdicio de alimentos

La directora de comunicación y transferencia de Cetaqua y responsable de Red Esagua, Naiara Saenz, por su parte, acercó a los asistentes los distintos impactos medioambientales ocasionados por el desperdicio de alimentos. Uno de los más relevantes es el de la huella de carbono, referido a la cantidad total de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que se emiten durante el ciclo de vida de un producto. En total, el desperdicio de alimentos supone el 8% de los GEI que se emiten en el mundo.

Otro de sus impactos relevantes del desperdicio de alimentos es la huella hídrica, es decir, el consumo total de agua superficial y subterránea para la producción de alimentos. En este sentido, Saenz ha explicado que el consumo de agua en los hogares para tareas domésticas (poner lavadoras, cocinar, ducharse, etc..) es de 132 litros de agua por persona y día. Sin embargo, este consumo de agua doméstica supone tan sólo el 1% de la huella hídrica que generamos, la mayor parte, un 80%, proviene de la alimentación.

A través de distintos ejemplos, Saenz ilustró los litros de agua que se desperdician cuando se tira un alimento a la basura con diversos ejemplos: una manzana equivale a 125 litros de agua desperdiciados o 100 gramos de jamón cocido, 910 litros de agua.

Saenz cerraba su intervención con una clara reflexión: “Cuando tiramos alimentos a la basura, tiramos el planeta a la basura”.

Proyecto ‘La alimentación no tiene desperdicio’

Desde 2012 AECOC coordina la iniciativa ‘La alimentación no tiene desperdicio’, que en la actualidad aglutina a más de 500 empresas fabricantes y distribuidoras para evitar la generación de residuos alimentarios en el sector. De hecho, las compañías que forman parte de este proyecto han conseguido reducir el desperdicio alimentario que se genera con su actividad del 1,78% al 0,80% desde el inicio del proyecto hasta ahora.

Además, AECOC organiza cada año el Punto de Encuentro contra el Desperdicio Alimentario para compartir buenas prácticas y acciones impulsadas por las empresas para evitar el desperdicio de alimentos. Este año, en su séptima edición, el encuentro convocó a más de 300 asistentes y contó con la participación de empresas y proyectos como Damm, Too Good to Go, Upprinting Food, Grupo Nufri, Sonae, Food for Soul, Gate Gourmet y Campos Estela, que expusieron sus exitosas estrategias para evitar la pérdida de alimentos.