Del hype de la IA al realismo: las organizaciones aumentan sus inversiones con foco en el valor a largo plazo

Tras años de entusiasmo y experimentación, la inteligencia artificial entra en una nueva etapa marcada por el realismo, el pragmatismo y la búsqueda de valor sostenible. Así lo concluye el Instituto de Investigación de Capgemini en sus informes La ventaja de la IA a largo plazo: construyendo la empresa del mañana y Cómo la IA está transformando silenciosamente las decisiones ejecutivas, que analizan cómo las organizaciones están pasando del hype a estrategias de IA más maduras, integradas y orientadas a resultados.

La investigación revela que la IA ya no se concibe únicamente como una palanca de productividad, sino como un activo estratégico para impulsar el crecimiento, mejorar la gestión del riesgo, reforzar la experiencia de cliente y apoyar la toma de decisiones ejecutivas. De hecho, casi dos tercios de los líderes empresariales consideran que no escalar la IA al ritmo de sus competidores supone un riesgo directo para su ventaja competitiva.

Más inversión, menos experimentación

A medida que la adopción se acelera, las empresas están incrementando de forma clara sus inversiones en IA. De media, las organizaciones prevén destinar en 2026 el 5% de su presupuesto anual de negocio a iniciativas de IA, frente al 3% en 2025. Este aumento viene acompañado de un cambio de prioridades: infraestructura, datos, gobernanza y capacitación de la plantilla se consolidan como los pilares clave para capturar valor a largo plazo.

El 38% de las organizaciones ya ha desplegado casos de uso de IA generativa, mientras que seis de cada diez exploran aplicaciones de IA agéntica, con China a la cabeza en pilotos y despliegues. Paralelamente, casi dos tercios de las empresas afirman haber comenzado a pausar proyectos de bajo impacto para redirigir recursos hacia iniciativas con resultados medibles.

También evolucionan las métricas de éxito. La eficiencia operativa y la reducción de costes dejan de ser los únicos indicadores, y ganan peso el crecimiento de ingresos, el cumplimiento normativo, la gestión del conocimiento y la personalización de la experiencia de cliente. En este contexto, más de la mitad de las organizaciones prioriza ya la soberanía del dato, buscando mantener el control sobre información crítica y regulada.

La IA entra en la sala de decisiones

Uno de los cambios más significativos es el papel creciente de la IA en la toma de decisiones estratégicas. Según el estudio específico sobre el C-suite, más de la mitad de los CXO ya utiliza la IA de forma activa o selectiva para apoyar sus decisiones, y esta cifra se espera que se duplique en los próximos tres años.

Aunque hoy su uso se centra principalmente en tareas de apoyo —análisis, documentación, investigación o reporting—, los directivos prevén que la IA evolucione hacia un copiloto estratégico, capaz de reforzar y cuestionar el pensamiento ejecutivo, anticipar escenarios y aportar nuevas perspectivas. La adopción temprana ya está generando beneficios tangibles: reducción de tiempos y costes de decisión, mayor creatividad y mejor capacidad de anticipación.

No obstante, el consenso es claro: la IA no sustituye al juicio humano. Solo entre el 1% y el 2% de los CXO cree que la IA podrá tomar decisiones estratégicas de forma autónoma en el corto plazo. Persisten además importantes reticencias, especialmente en materia de riesgos legales, seguridad y explicabilidad, lo que explica que solo el 41% de los directivos declare un alto nivel de confianza en la IA para decisiones ejecutivas.

Gobernanza y liderazgo, factores críticos

Dos tercios de los altos directivos afirman que marcos más claros de gobernanza y rendición de cuentas les ayudarían a aprovechar mejor la IA en la toma de decisiones. A ello se suma un factor clave: la preparación del liderazgo. Definir una visión clara, asumir responsabilidades y gestionar adecuadamente la interacción humano-IA se perfila como uno de los grandes retos para 2026.

“La IA ha superado un umbral crítico: la cuestión ya no es si apostar por ella, sino cómo integrarla en el ADN de la organización”, señala Pascal Brier, Chief Innovation Officer de Capgemini. “Las empresas están avanzando hacia un uso más maduro, centrado en valor a largo plazo, pero el éxito dependerá en gran medida de la gobernanza, las competencias y la implicación real del liderazgo”.

España: alineación estratégica, mayor cautela

En el caso español, los datos muestran una alineación clara con la visión global, aunque con un enfoque más prudente. El 63% de las empresas en España considera la IA una prioridad estratégica —frente al 69% a nivel global— y prevé destinar en 2026 el 4% de su presupuesto a estas iniciativas.

España destaca positivamente en gobernanza y control del dato, pero muestra cierto retraso en capacitación y talento: solo el 52% invierte activamente en formación en IA, frente al 62% global, y únicamente el 45% cuenta con perfiles híbridos de negocio e IA. Además, el uso de la IA en la toma de decisiones estratégicas es menor (44%) y más operativo que estratégico.

Diferencias sectoriales

La adopción de la IA varía notablemente por sectores. High Tech, Banca, Seguros y Telecomunicaciones lideran el uso de la IA como apoyo activo a decisiones estratégicas, con niveles de adopción superiores al 60%. Estos mismos sectores muestran también mayores niveles de confianza en la IA, apoyados en su experiencia analítica y marcos de gobernanza más maduros.

En contraste, el sector público sigue mayoritariamente en fase experimental, con un uso activo de la IA en la toma de decisiones estratégicas inferior al 6%, lo que evidencia la dificultad para pasar de pilotos a un uso real y escalable.

Un cambio de etapa

Los informes de Capgemini dibujan un escenario claro para 2026: la inteligencia artificial entra en una fase de consolidación, donde el foco se desplaza de la experimentación al impacto, de la productividad al valor estratégico y del entusiasmo inicial a una integración responsable y sostenida en el tiempo. Una transformación silenciosa, pero profunda, que ya está redefiniendo cómo las organizaciones deciden, compiten y crean valor.