El desperdicio alimentario desplaza el foco del reciclaje: retail y consumidores afrontan el reto de prevenir antes que gestionar residuos

Phenix advierte de que la sostenibilidad alimentaria empieza antes del contenedor y reclama reforzar la prevención del excedente mediante tecnología, planificación y nuevos hábitos de consumo.

El debate sobre sostenibilidad alimentaria está evolucionando desde la gestión de residuos hacia la prevención del desperdicio. Con motivo del Día Mundial del Reciclaje, la compañía especializada en gestión de excedente alimentario Phenix pone el foco en un desafío compartido por distribución y consumidores: evitar que productos todavía aptos para el consumo terminen convirtiéndose en residuos.

La compañía recuerda que cuando un alimento se desperdicia no solo se pierde el producto final, sino también todos los recursos invertidos en su producción y comercialización, incluyendo agua, energía, transporte, refrigeración, embalajes y emisiones asociadas.

“Reciclar es una palanca fundamental para avanzar hacia modelos de consumo más sostenibles, pero en alimentación debemos ir un paso antes: evitar que un producto apto para el consumo llegue a convertirse en residuo. La verdadera economía circular en el sector alimentario empieza por prevenir, medir y gestionar mejor los excedentes”, señala Alejandro Andreu Vilà.

La prevención gana peso frente a la gestión del residuo

Aunque el compostaje o la valorización energética continúan siendo alternativas para gestionar residuos alimentarios una vez generados, el sector coincide cada vez más en que el mayor impacto ambiental y económico ya se ha producido cuando el alimento deja de formar parte del circuito de consumo.

En este contexto, la prevención emerge como la herramienta más eficaz para reducir el desperdicio alimentario.

Supermercados, operadores de distribución y establecimientos alimentarios cuentan actualmente con sistemas para ajustar mejor la oferta a la demanda, optimizar la gestión de inventarios y activar mecanismos que permitan dar salida a productos con riesgo de perder valor comercial antes de convertirse en excedentes.

Para Phenix, el desafío implica transformar la lógica tradicional basada en gestionar residuos hacia modelos más preventivos y circulares.

El consumidor también juega un papel decisivo

La reducción del desperdicio no depende únicamente del retail. Según la tercera edición del Barómetro sobre Desperdicio Alimentario elaborado por AECOC en colaboración con Phenix, el 54% de los consumidores reconoce tirar alimentos porque los olvida en la nevera o la despensa hasta que caducan o se deterioran.

El dato evidencia que el desperdicio alimentario tiene una fuerte dimensión doméstica y que pequeñas acciones cotidianas pueden tener un impacto significativo.

Planificar la compra, revisar los productos disponibles en casa, mejorar la conservación de alimentos, diferenciar entre fecha de caducidad y consumo preferente o reutilizar sobras son algunas de las prácticas señaladas para reducir la cantidad de alimentos que termina desechándose.

Así, distribución y consumidores afrontan un mismo reto desde posiciones distintas: intervenir antes de que el alimento se convierta en residuo.

Tecnología y datos para anticiparse al excedente

La digitalización está adquiriendo un papel creciente en la prevención del desperdicio. Las herramientas tecnológicas permiten identificar productos con riesgo de convertirse en excedente, activar soluciones en tiempo real y conectar esos alimentos con consumidores o entidades capaces de darles una segunda vida.

Según explica Phenix, estas soluciones facilitan actuar a distintos niveles, desde la optimización de excedentes en supermercados hasta la sensibilización del consumidor sobre planificación y aprovechamiento alimentario.

El objetivo es avanzar hacia modelos alimentarios más eficientes mediante una mejor medición del desperdicio y sistemas capaces de actuar con anticipación.

En este escenario, el Día Mundial del Reciclaje amplía su significado para el sector alimentario: además de reciclar mejor, el reto pasa por reducir la generación de excedentes y minimizar el desperdicio antes de que llegue a producirse, una transformación con implicaciones ambientales, económicas y sociales para toda la cadena de valor.