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Mercados agroalimentarios y política comercial en la época de COVID-19

Promover la producción nacional y proteger tanto los ingresos de los agricultores y ganaderos españoles como el poder adquisitivo de los consumidores, medidas eficaces para hacer frente a los efectos del COVID-19

 

Óscar Mozún

Director de Planificación Estratégica en TACTICS EUROPE

Experto en Marketing Agroalimentario, Gran Consumo e Institucional

Tras los brotes de enfermedades, las medidas nacionales de apoyo para mantener niveles adecuados de producción y consumo nacional, asegurando los ingresos de los agricultores y el autoabastecimiento de nuestra sociedad, deberían utilizarse para apoyar distintos aspectos socioeconómicos del sistema agroalimentario español. Ahora más que nunca, es la hora de estar con nuestros productores y con nuestros consumidores.  Debemos trabajar por garantizar un diseño cuidadoso de programas agroalimentarios que proporcionen sistemas de calidad, seguridad productiva y refuerzo del consumo local. En este sentido se deben trabajar servicios financieros mejorados que apoyen la producción y los ingresos de toda la cadena de valor.

España debe diseñar un plan de recuperación interno del sector agroalimentario español y cruzarlo con políticas globales de manera que no afecten a la competitividad de los mercados internacionales. Además, debemos trabajar por fortalecer los mecanismos de transparencia y gobernanza del mercado internacional, por ejemplo, el Sistema de Información de los Mercados Agrícolas (AMIS). Garantizar un diseño cuidadoso de las medidas de control de precios, si se utilizan, en asociación con el sector privado.

Desde los distintos estamentos políticos se deben evitar las restricciones generales de importación. El movimiento entre personas y mercancías podría aumentar los desafíos de la gestión de las enfermedades infecciosas y suponer una barrera añadida al libre comercio. Los distintos países van a justificar estas medidas de restricción a la libre circulación como excusa para la imposición de aranceles y trabas a la exportación. Es por ello por lo que debemos trabajar por la creación de corredores comerciales ágiles para la UE. Con ello podremos evitar perturbaciones en las cadenas de suministro de alimentos, el comercio seguro y los corredores de viaje, estableciéndose un acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con los incentivos de la cadena de mercado, las garantías y los mensajes tranquilizadores para todos los agentes de la cadena de mercado (FAO, 2016).

Proporcionar transferencias de beneficios directos a los agricultores siempre que sea posible. El apoyo a los ingresos de los agricultores también puede lograrse mediante pagos directos, desacoplados de las decisiones de producción, como un enfoque potente y más rentable. Asimismo, se le debe dar viabilidad al acceso a los servicios financieros especialmente creados para la crisis.

Fomentar políticas de promoción del consumo de productos locales y europeos en favor de los provenientes de países terceros. Entiendo que ahora mismo es un momento en el que toda Europa trabaje a favor del proyecto "Enjoy, it´s from Europe", ayudando así a los exportadores de la UE a reforzar su entrada en los mercados internacionales y utilizar como un mecanismo ante las posibles barreras que se pudieran establecer por parte de los países terceros utilizando como “excusa” la crisis sanitaria.

Igualmente, al amparo de estos programas UE debemos ayudar a generar conciencia entre los consumidores sobre los esfuerzos realizados por los agricultores europeos dentro de este periodo de crisis por seguir promocionando productos europeos de calidad que cumplen con los protocolos más exigentes a nivel mundial al amparo del denominado Modelo Europeo de producción.

Después de la crisis COVID-19, sin duda, producir alimentos con las máximas garantías en términos de seguridad alimentaria, trazabilidad, autenticidad, etiquetado, aspectos nutricionales y de salud (incluidas las prácticas dietéticas adecuadas y el consumo responsable de bebidas alcohólicas elegibles) , el bienestar animal, el respeto al medio ambiente y la sostenibilidad, y las características de los productos agrícolas y alimenticios, particularmente en términos de calidad, sabor, diversidad o tradiciones, van a ser aspectos que el consumidor va a valorar cada vez más.