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Domingo 17 de diciembre de 2017
09/02/2016
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Por San Valentín vuelve la Anuptafobia: El miedo a quedarse solter@

• Son ellas quienes más padecen este síndrome: A los condicionantes sociales se une el llamado “reloj biológico” que, a partir de los 30, apremia a algunas mujeres hacia la maternidad • El temor a la soltería está condicionado por los valores, la educación y el contexto sociocultural en los que está inmersa una persona • San Valentín se convierte en un día terrible, en el que el afectado siente aún más presión

Con la llegada de San Valentín vuelve también la temida Anuptafobia, el pánico a no tener pareja o a quedarse solter@. El 14 de febrero y los días previos, los medios de comunicación irrumpen, con toda su artillería en forma de sus mensajes de amor en pareja y la jornada se convierte en un día terrible, en el que el afectado siente aún más presión.

Afortunadamente cada día son más las mujeres que pueden disfrutar o elegir no estar en pareja. Si bien es cierto que este diagnóstico también afecta al universo masculino, las mujeres son las más aquejadas. Parece que, al acercarse al límite del reloj biológico (de los 30 a los 40), ellas sintieran una desesperación grande al estar sin pareja. El fantasma a quedarse solas o a ser la “solterona” de la familia se torna en una obsesión. Este tipo de afirmaciones, se fundamentan en la creencia errónea de que el género masculino tiene toda la vida biológica por delante, mientras que las mujeres tienen una fecha de ‘caducidad’ marcada, que bien puede coincidir con el momento en el que socialmente son tachadas cruelmente de “solteronas”.

El temor a la soltería está condicionado por los valores, la educación y el contexto sociocultural en los que está inmersa una persona. Un individuo que ha logrado su madurez tiene que haber desarrollado la capacidad para poder enfrentar momentos de estar solo, no de aislarse, pero sí poder estar en soledad con armonía. Se da más la angustia en las mujeres porque pesa mucho lo cultural. En España aún somos bastante conservadores y tiene más fuerza aquí, ese tipo de prejuicios e ideas, que en otras sociedades y aunque se ha avanzado muchísimo, hay un factor que tiene que ver con el código cultural que nuestra propia familia imprimió en nosotr@s desde edades muy tempranas.

La Copla, presente en la educación sentimental de varias generaciones de españoles, tiene mucho que decir a este respecto. Así cantaba, en 1943, Concha Piquer a la “vecinita de enfrente”, que no tenía novio, mientras veía como se casaban “sus amigas y sus hermanas”:

A la Lima y al Limón,

tú no tienes quien te quiera.

A la Lima y al Limón,

te vas a quedar soltera.

Qué penita y qué dolor.

Qué penita y qué dolor.

De aquello hace ya setenta y cinco años y, sin embargo, el miedo a no llegar al altar entonces, y a no tener un compañer@ de vida, ahora, continúa presente en algunas personalidades. Y, eso sí, en algo han cambiado los tiempos, porque hoy en día se admite que esa aversión a la soledad sentimental la padecen también los hombres. Antiguamente, a ellos “se les cazaba” o eran “solteros de oro”, mientras que ellas eran “Doña Rosita la soltera”: “Si sigues con ese carácter te vas a quedar para vestir santos de mayor”. “Desde luego si vas así por la vida con esas ideas no te va a querer ningún hombre”. ”Con ese carácter te vas a quedar sola en la vida”. Hasta a modo de broma la frase resulta familiar para muchas mujeres que, mitad en broma y mitad en serio, dejaron filtrar esas ideas en sus vidas, cuando el amor o la relación e speradas no tocaron su puerta. Entonces el miedo a la soltería apareció bajo su peor fachada.

Es anuptafobia si…

Ese sentimiento de soledad contamina todas las áreas de mi vida. Por ejemplo, si voy al trabajo y estoy pendiente de conocer a alguien, si me junto con amigos y me siento con la necesidad de ver o generar situaciones para que me presenten a alguien para ver qué pasa. Es decir, estar todo el tiempo pendiente.

 

El miedo a la soltería aparece y se transforma en una obsesión


1 – Tratan de conformar al otro de tal manera que casi desaparecen como personas. Esto causa falta de deseo en la persona que intentan conquistar, o aburrimiento.

2 – Tratan de mostrarse perfect@s, autosuficientes. Creen que sus propias necesidades son debilidad y no hay ningún lugar para poder compartir los aspectos más vulnerables de la persona. Su máximo objetivo pasa a ser, el otro como un trofeo que se debe de conseguir a cualquier precio.

3 – Cuando la pareja no responde comprometidamente, no llama o lo hace a último momento, no plantea ninguna actividad fuera de la cama, no tiene exclusividad sexual, asiente y justifica diciendo que es un poco asocial, que tampoco quiere presionarlo y continúa la relación sin poner límites.

Coaching: Cuando el objetivo es tener pareja

 

Para Verónica Rodríguez Orellana, Directora del Coaching Club, Especializada en Coaching Sistémico Master - Practitioner en PNL-Terapeuta Gestalt: “Es mucho lo que se puede hablar de “la pareja” como estructura vincular en sí pero, a lo largo de mi experiencia como coach y terapeuta, he aprendido que hay un punto inicial que es el que hoy quisiera reflexionar para entrar en el tema y que se resume en contestar a la pregunta: ¿Para qué quiero una pareja?. Esta pregunta tendrá distintas respuestas a lo largo de la vida de un mismo individuo, ya que no es lo mismo querer una pareja para formar una familia, para alejarse de los padres, para compartir la vejez,  para cumplir con un ideal social, porque no me animo a estar solo, o como un acompañamiento complementario amoroso. Probablemente, a lo largo de la vi da vayamos encontrando distintas respuestas y el punto que quería señalar hoy también es prestar atención a la estructura de una respuesta que conlleva una significación muy profunda: ¿quiero tener pareja o quiero estar en pareja?

 

Estar en pareja significa aceptar que básicamente sólo puedo aspirar a tenerme a mí, con todo el trabajo que ello significa a lo largo de la vida. Si la elección de pareja se realiza a partir del ser adulto, la dependencia siempre es, en definitiva, parcial. Sin el otro yo soy. Me gustará más estar con el otro que sin el otro, pero no voy a dejar de ser sin el otro, por más que me cueste pensar que podría vivir sin él o que él podría existir sin mí.  Se trata de comprender la diferencia entre el amor y la posesión. “Tener” pareja, en este sentido, apuntaría a la posesión de otro para crear la ilusión de que  nunca me sentiré solo. La naturaleza contradictoria del amor radica en  que amar implica cuidar al otro de mi impulso posesivo.

 

Algunas recomendaciones

-       Las personas con este temor a la soledad deben:

-       Trabajar su forma de vincularse con los demás y consigo mismos

-       Ver qué les pasa con el temor a la pérdida, con el deseo de conformar a todos.

-       Tener en cuenta su autoestima, y pensarse como una persona que no requiere de otra para desarrollarse social y económicamente. Un mejor vínculo consigo mismos ayuda a no depositar en otra persona su bienestar.

 

“En las sesiones de coaching trabajamos muy a menudo este tema, tanto el temor a la soltería como la búsqueda obsesiva de la pareja. Poder aquietar la mente y aprender a gestionar emocionalmente este momento es crucial para poder llevar una vida más placentera “, apunta la coach y terapeuta Verónica Rodríguez Orellana, Directora del Coaching Club. “Es apasionante acompañar estos procesos y ver como la persona poco a poco vuelve a conquistar la vida que merece”, finaliza.



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